Amanecer Contigo

Amanecer Contigo


Amanecer contigo.

Una historia de Iria Blake.

Todos los derechos reservados

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 Me desperté en medio de la madrugada con una resaca demencial, provocada por el exceso de tequila y las ganas de divertirme. Lo que no me esperaba era mirar a mi alrededor y no reconocer el lugar en el que estaba y menos, girar la cabeza y encontrarme con un tío desnudo a mi derecha. ¡Mierda! ¿Qué demonios había pasado anoche? No era capaz de recordar lo que había sucedido. Aunque mi cuerpo dolorido sí.
Una sensación me vino a la memoria. La de sus manos recorriendo mi piel y de sus embestidas castigándome y provocando el mejor orgasmo que había tenido en mi vida.  Pero, ¿quién era él? ¿Dónde lo conocí? ¿Cómo se llamaba?
De repente mi señal de alarma se activó y me entró pánico. Salí de la cama con sigilo y empecé a buscar mi ropa. Me vestí como pude y sin casi mirar atrás busqué la salida. Pero una especie de extraña atracción me obligó a volver y mirarle. Estaba buenísimo. Delgado pero atlético, sin excesos. Vi como su brazo derecho se estiraba en el colchón como buscándome, y entonces retrocedí temerosa de que se despertara. Pero mi cuerpo me obligó a volver a él, a rozar su brazo hasta alcanzar su muñeca y tocar una pulsera de plata que tenía algo inscrito. Me acerqué todo lo que pude y con la poca luz que había en la habitación vi el nombre, ÁLVARO.
Así se llamaba el hombre que me acababa de follar como si fuese una adolescente hormonada.
−− Álvaro, adiós guapo – dije en un susurro. Y salí del apartamento sin mirar atrás, porque había sido solo sexo. Yo ya no buscaba más. O eso es lo que quería creer, al menos hasta esa loca noche.

                                                       Álvaro

Dos días después.

Estaba en la oficina delante del ordenador como un estúpido autómata. Me sentía jodido, primero por la resaca que todavía me quedaba del sábado por la noche y después por la desaparición de la chica con la que había estado esa noche. Se largó sin decir ni adiós.  Ni su nombre me dijo. Pero bueno, después de años haciendo yo eso mismo con las mujeres, tal vez ya iba siendo hora que probara yo un poco de mi propia medicina.  Iba a ser que eso de un polvo y adiós sí que fastidiaba, sobre todo cuando alguien te atraía de verdad.

De repente un revuelo de risas en la puerta de entrada me sacó de mi ensimismamiento. Miré hacia ella y pude comprobar que era mi jefe  que venía acompañado de otras personas. ¡Mierda! Me había olvidado de que teníamos una reunión con la persona que se iba a encargar del marketing en la empresa a partir de ahora.  El anterior director se largó a la competencia y mi jefe estaba que echaba chispas, porque tuvo que hacer encaje de bolillos para poder contratar con la suficiente rapidez a alguien que se ocupase de sacar la nueva marca en las fechas que teníamos previstas.

No había reparado bien en las personas que le acompañaban, hasta que escuché una risa que me resultaba familiar.

No podía ver bien entre la maraña de presentaciones que se estaba produciendo, así que tuve que mirar varias veces. La risa me llevaba a mirar una y otra vez como abeja a la miel. Hasta que entre el hueco que se hizo entre las cinco personas que la rodeaban, pude vislumbrar una silueta que me resultaba más familiar todavía. Esas piernas, esas caderas, esos pechos, ¡dios esa cara! ¡Era ella, la chica del sábado!

Hiperventilé, por primera vez en  mi vida, me puse nervioso como un adolescente con su primera cita. Empezaron a temblarme las manos y olvidé todo lo que estaba haciendo y me quedé ensimismado mirándola.

Entonces, como si la hubiese invocado, giró su cabeza y miró en mi dirección, pero para mí absoluta decepción, ella hizo como si no me conociera. Se volvió de nuevo en dirección a la conversación que estaba manteniendo y literalmente pasó de mí. Ni cara de sorpresa, ni una sonrisa, ni nada.

Me quedé de piedra.

María

 Jamás imaginé que lo volvería a encontrar, y mucho menos en mi nuevo centro de trabajo. Llegaba a mi nuevo trabajo con la firme intención de retomar las riendas de mi vida y comenzar de nuevo. Pero el tiro ya me salió mal, cuando me encontré de nuevo con él, con Álvaro. Ese chico que conocí el sábado, con el que tuve un polvo ocasional como con cualquier otro y que no tenía intención de volver a ver.

¡Dios, sus ojos castaños me miraban como si me fuesen a comer allí mismo! Y yo, yo estaba a punto de perder mi ropa interior y tenía que disimular de la mejor forma posible la impresión que me había causado verle allí. Porque así es cómo me sentía, impactada. Preferí no darle más vueltas a lo que estaba sintiendo, y con toda la dignidad de la que fui capaz, intenté regresar a la conversación con mi nuevo jefe.

  • María, ven – Luis, que así se llamaba mi jefe, me agarró del codo y me llevó con él – acompáñame, me gustaría presentarte a nuestro jefe de operaciones – ¡No, no, no! ¡Me llevaba directa hacia mi peor pesadilla y mi mejor polvo en mucho tiempo! – él es Álvaro Iriondo.

Alargó su brazo para guiarme donde estaba él, que ya empezaba a incorporarse para saludarme con una sonrisa de serie, de aquellas de malote, que aunque en un principio podía parecer triunfal, en ese instante transmitían duda.

  • Sí, ya sé – ¿Qué ya sabía? ¡Muy bien María, punto para el caballero! – Perdón, quise decir que mucho gusto – alargué mi mano para cruzarla con la suya intentando disimular mi error, pero de poco le valió a Álvaro, porque me di por cazada literalmente, ya que su mirada color miel lo decía todo.

“Te pillé, nena”

  • Un placer, María – dijo tomando mi mano y haciendo algo que casi hace que allí mismo volviese a revivir la noche del sábado, y es que no tuvo otro detalle menos oportuno que besarme los nudillos de la mano y sin intención de soltarme después – María…- me quedé embobada mirándole – María…- insistió.
  • María, ¿qué? – le respondí borde soltándome con brusquedad.
  • María Balaguer – contestó Luis con un tono suave intentando suavizar mi impertinencia.
  • Perdón – el tono de mis mejillas dieron cuenta real del error de educación que acababa de cometer por mis malditos nervios. La verdad era que sí, que Álvaro me afectaba más de lo que quería pensar.
  • Tranquila, María – dijo Luis conciliador – es normal que hoy estés nerviosa. Discúlpanos, Álvaro, voy a seguir con las presentaciones – y así, mi jefe me alejó de mi empotrador favorito, llevándome a conocer al resto del personal, mientras yo intentaba encajar la noticia de que Álvaro, como Jefe de operaciones, me ayudaría con la campaña de marketing, algo que empezaba a pensar, iba a ser bastante complicado, teniendo en cuenta que, cada vez que le miraba, recordaba lo que había sucedido entre nosotros dos el fin de semana.

Pasó una interminable hora hasta que fui capaz de librarme de mi jefe para poder ir al baño a aclararme las ideas, porque lo necesitaba con urgencia.

Busqué el aseo de mujeres en el pasillo exterior de las oficinas y entré. Sin embargo, no había tardado en entrar ni diez segundos, cuando la puerta se abrió tras de mí, con un Álvaro accedía al baño como una exhalación.

Se acercó a mí todo lo que pudo, dejando nuestros labios tan cerca que no hacía falta que nos besáramos para intercambiar el aliento.

  • Te voy a perdonar que me dejaras tirado en mi cama, cuando tenía toda la intención de volverte a follar al amanecer – dijo levantando su mano hasta llevar el dedo índice a mi barbilla y rozarme con una extrema y sinuosa suavidad – así que para resarcirte, te espero a la salida, porque tú y yo tenemos que hablar de lo que pasó – intenté interrumpirle pero acabó poníéndome la mano en la boca para cerrármela – porque pasó algo entre nosotros y no fue solo sexo, y lo sabes.

Y sin más, me soltó y salió por la puerta. Pero antes de que yo quisiera darme la vuelta para poder abrir el agua fría y calmar mi ansiedad por él, entré de nuevo, me tomó en sus brazos y se lanzó a mi boca como si no nos hubiésemos besado en meses. Un beso ardiente, feroz y tan bestial, que me hizo olvidar que estábamos en la oficina, que había gente cerca y que hasta había mañana.

Un beso de los que te hace recordar, que sí puede haber algo más de sexo entre dos personas la primera vez que se ven.

 

¿Continuará??????????

 

 

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2 comentarios en “Amanecer Contigo

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