Amanecer Contigo, Capítulos 3 y 3, 5

Amanecer Contigo, Capítulos 3 y 3, 5


Capítulo 3

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Momentos de desencuentro

  • No me escuchas.
  • ¿Perdona?
  • Que no me estás escuchando, María, cariño.
  • ¡Ay, lo siento Jon!, Es que estaba…
  • Estabas en la inopia, nena.

Jon se acercó a mí y me cogió de la mano. Yo estaba inquieta y podría admitir que casi incómoda, pero es que quería plantearle los motivos por los que me encontraba así, y no sabía cómo se lo iba a tomar.

  • Necesito hablar contigo – era mejor así, no andarme con rodeos.
  • Querida, eso ya lo sé, ahora, ¿quieres decirme qué demonios te sucede? – de acuerdo, él tampoco.
  • Es que no sé cómo contarte esto sin que te enfades, pero me gustaría que me comprendieses… – lo cierto era que una cosa era saber que se lo tenía que contar y otra era contarlo.
  • Cielo, ¿qué me quieres contar?

Jon me miraba burlón, pensaba que le iba a contar cualquier tontería del nuevo trabajo, pero estaba segura que cuando abriese mi boca para contarle lo que me había sucedido con Álvaro, le iba a cambiar la cara, y no sabía si estaba preparada para su reacción. Él era muy importante en mi vida.

  • Recuerdas que salí con las chicas hace un par de semanas, ¿verdad?
  • Perfectamente, llegaste a las mil y no me has contado nada de lo que hiciste – soltó una carcajada inocente.
  • Ese día conocí a un hombre – en ese instante estaba convencida de que intentó disimularlo, pero nos conocíamos muy bien, podía adivinar todos sus cambios con echarle un vistazo rápido.- Jon no me juzgues de antemano sin saber lo que pasó.

Llevó su mano derecha a la cabeza y se frotó la frente con preocupación.

  • Llevamos juntos toda la vida, María, creo que nos lo podemos contar todo.
  • Pasé la noche con él.

Silencio, un silencio enorme inundó el salón. No podía averiguar su reacción. Jon me conocía perfectamente, así que podía entender el motivo por el que no se lo había contado hasta entonces, pero no sabía cuál podría ser su respuesta.

  • Bueno, soy tu mejor amigo. Cuéntamelo todo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, pero si has tardado en decírmelo, es porque hay algo más que esa noche. No me equivoco, ¿verdad?

Sonreí, eso me provocó el a mí. Arrancarme una sonrisa, una escéptica, sí, sin embargo era unan ya los quince años de amistad los que lograban que pudiese hablar con él de todo. Y lo cierto era que suponía de gran alivio poder contárselo, porque necesitaba su opinión. Así que le conté casi todo, no profundicé en lo más íntimo, pero le dije lo que pasó aquel fin de semana, cómo nos encontramos en mi nuevo empleo y lo que sucedió con Álvaro cuando le vi allí.

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  • ¿Y has tardado dos semanas en contarme toda esta jugosa historia?
  • Bueno, no sabía cómo te lo ibas a tomar después de todo lo que he pasado últimamente.
  • Mira niña – siempre que me quería decir algo sincero empezaba por ese apelativo cariñoso – necesitabas un desahogo, y aunque ya sabes que no soy partidario de los polvos de una noche, y más en tus circunstancias, si ye ha venido bien estar con él, entonces, ¡adelante!. Pero, ¿estás preparada para su nueva proposición?

No podía responderle porque no sabía si estaba para esa proposición o para nada con él ni con nadie.

  • No lo sé, Jon, pero…
  • Pero te gusta – él mismo acabó la frase que yo tenía en mi cabeza. Lo dicho, muchos años juntos.- Entonces, ¿qué tiene de malo volver a verle? ¿es por el trabajo? ¿Por qué es feo? – me miró vio mi respuesta negativa en la cara y se rio – bueno, vale está claro que feo no es – respiró hondo y se pensó lo que me iba a decir a continuación, era algo más serio, eso seguro – María, insisto, no creo que estés preparada para una relación ahora mismo – en el fondo no creía estarlo para siempre – pero, no pierdes nada por conocerlo un poco más a fondo – se rio por el doble sentido de lo que acababa de decir – bueno a fondo ya lo has conocido – eso me hizo reír a mí – bueno un poco más – añadió con un obsceno gesto sexual de las manos – ¿ves? Te hice reír. Ahora en serio, no pierdes nada por pasar una noche local en un hotel de ensueño con un tío bueno. Si después de esa noche, te das cuenta, que seguro que será así porque te conozco, que una relación no es para ti, pues sigues tu camino y punto. Si hay algo que has aprendido muy bien de la vida, es que nada te atará a ningún hombre, nada que tú realmente no desees que lo haga.

Si, Jon tenía una capacidad asombrosa de llegar a conclusiones que yo era incapaz de alcanzar.

  • No sé, Jon. Ya veré lo que hago.
  • Niña, te quedan veinticuatro horas. Si le vas a dejar tirado, díselo. Supongo que él, a parte de una buena herramienta, sí no te rías que no me has contado los pormenores pero, si tú estás así es por algo, también tendrá un corazón.

Un corazón, sí, ese que yo tenía congelado. Bueno tal vez un poquito menos desde hacía casi dos semanas.

  • ¿Qué haces? – le pregunté a Jon que fisgoneaba el teléfono con mucho interés.
  • Cotilleando el hotel en el que habéis quedado, porque si no vas tú con él, me busco a alguien y voy yo, no se puede desperdiciar una habitación con piscina privada…
  • Jon…- le regañé por su pequeña osadía, no tenía jeta ni nada el chico – déjalo – intenté quitarle el móvil y entramos en el juego de yo lo intento y tú no me dejas que nos hizo rodar por el sofá y finalmente en el suelo con Jon encima de mí – Jon…

Acercó su cara a la mía, lentamente, podía sentir su aliento rozando mis labios. ¡Dios mío, me iba a besar! Pero de repente, se apartó y me dejó con la miel en la boca.

  • ¿Ves? No estás preparada para él, pero sí para mí. Háztelo mirar – y soltó una carcajada que provocó la mía y me hizo recordar que por más bueno que estuviese y me provocase con toda la intención, Jon no era más que un buen amigo, mi mejor amigo.

Se levantó y estiró su mano para ayudar a incorporarme, y cuando lo hizo, me acercó a su pecho abrazándome como él solo sabía hacerlo, mostrando todo el cariño que me profesaba, ese que es de verdad.

  • No puedes estar sola eternamente, mi niña – apretó más su abrazo y me reconfortó con su contacto.
  • No lo estoy, Jon.
  • Sí bueno, Iker es una excelente compañía, pero él un día se irá, y tú te quedarás como la vieja de los gatos.

Otra vez me hizo reír. Ese hombre era un cielo.

  • Hablando de Iker, tengo que ir a buscarle a kárate, ya casi es la hora y yo, como siempre, tarde.
  • Te acompaño, me encanta ver a ese renacuajo hacer virguerías con sus patitas.
  • ¿Sabes que la profesora de kárate respiró tranquila cuando supo que no eras su padre y mucho menos mi pareja?

Una carcajada profunda salió de su pecho. Le encantaba saber que encandilaba a las mujeres.

  • No está tan buena como tú, no podrá conseguir nada de mí nunca.
  • ¡Anda, calla y vamos antes de que Iker se quede el último en salir de nuevo y piensen definitivamente que soy una mala madre!
  • ¿Una mala madre, tú? No te conocen…

Y nos arrastramos entre risas a la puerta de salida para ir a buscar al único hombre que me importaba en la vida después de Jon, mi hijo.

Bueno, aunque había otro hombre que no quería salir de mi cabeza y eso ya era darle demasiada importancia.

 

 

Capítulo 3 y medio

Lo que implica un desencuentro

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Hablar con ella por teléfono no era lo que más me apetecía, pero me consolaba poder al menos compartir esta conversación, y lo además, lo necesitaba.

  • Nunca me habías hablado de una mujer así, me tienes impactada, hermano.
  • No sé, Paula, no me había pasado nunca, es como si supiese que es para mí.
  • Acaba de salir un cerdo machista de tu interior, este no es mi hermano – esa burla de mi hermana me hizo reírme de mí mismo como hacía nunca – ¿crees que irá? – cambio de tercio que me hizo recordar que Paula ya lo sabía todo, bueno, casi todo – porque además de un cerdo machista, no sabía que eras todo un romántico.
  • No sé si irá, pero si no va, no voy a insistir más, no quiero que piense que soy un acosador o algo así. No me apetece una denuncia, Pau.
  • No seas bruto, no creo que ella haga algo así, me parece que está como tú, loca por verte, pero me da que hay algo que la frena – de repente se calló – joder, ¿no estará casada, Álvaro?

¡Joder! No había caído en esa posibilidad. ¿Y si era una mujer comprometida?, pero, no, nada parecía dar a entender eso, bueno tampoco la conocía tanto como para saberlo. ¿Por qué no se lo pregunté?

  • Álvaro, ¿estás ahí? – Paula me sacó de mis horribles pensamientos – ¿me vas a contestar?
  • Joder, Pau, no se lo pregunté, pero bueno, estamos en pleno siglo XXI, no creo que ella me lo quiera esconder o tenga vergüenza de decírmelo.
  • Álvaro, a lo mejor está casada, y por más que estemos en pleno siglo XXI, tal vez ella no quiera que su marido lo sepa.
  • Mira, mejor te cuelgo, que cuando te pones en plan abogada del diablo, me pones malo.

La colgué sin decir adiós, pero arrepentido, la mandé un mensaje para, seguro, rebajar su nivel de mosqueo, que para entonces, estaría en grado once de la escala Richter.

“Perdona Pau, es que estoy muy nervioso, quiero verla y me da miedo pensar que haya algo que pueda impedirlo”

“Si está casada y no te lo dice, la buscaré y le diré unas cuantas cosas de abogada”

Me hizo reír de nuevo.

“No la espantes antes de conocerla”

“No te enamores antes de conocerla”

Mi hermana y sus insignes patadas en la boca, bueno, más bien en el corazón.

 

Viernes, hotel Zouk.

Había llegado al hotel una hora antes de lo previsto, pero es que quería poner detalles por la habitación. Quería sorprenderla y no sabía todavía por qué, pero lo deseaba con todas mis fuerzas.

Estaba nervioso, cargado de deseo y con unas ganas enormes de tomarla entre mis brazos y besarla hasta que dejase marcas en sus labios. De acuerdo, me estaba comportando como un idiota adolescente descerebrado y enamo… ¡Hey, esa palabra era demasiado fuerte hasta para mí! ¡Descartada!

Pasaban los minutos y ella no llegaba, no llegaba y no lo hacía. Yo ya estaba nervioso, inquieto. Ocho y media, no llegaba. ¿Me iba a dejar plantado? ¿Y sin decir nada? ¡Será cobarde!

Entonces un mensaje me llegó al móvil que yo miré desesperanzado.

“Siento avisarte a estas horas, me ha surgido un problema de última hora y no podré acudir a nuestra cita, perdona”.

Si me hubiese mirado al espejo en ese instante, debería tener la palabra IDIOTA con luces de neón inscrito en mi frente. Me había dejado literalmente plantado, con mensaje estúpido incluido sí, pero plantado. No se podía ser más gilipollas. Ella había jugado conmigo, otra vez. Pero se acabó, ahora sí. No iba a comportarme como un niñato enamorado (sí, enamorado) nunca más.

Tiré el móvil al suelo, que no se hizo pedazos porque calló en la mullida alfombra sobre la cual tenía la intención de follarme a María, pero estaba claro que eso ya no iba a suceder,  y me fui a la ducha. Sí, porque necesitaba aclararme las ideas y volver a ser yo. Una ducha me ayudaría, aunque también lo hizo un momento de goce solitario entre mi mano derecha y yo, dado que era lo máximo a lo que iba a aspirar esta noche. ¡Menuda desilusión!

El lunes en la oficina, ya veríamos lo que iba a pasar.

María, al cajón de lo recuerdos…

 

Continuará…

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