El Canto de la Sirena

El Canto de la Sirena

Ayer fue un día especial. Uno de esos que te vacían toda, así como correr una medio maratón y que una vez que has llegado a meta, sentir que no puedes ni con el alma. Pues así me quedé. Y es que ¡coño, jugaba en casa!

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Recuerdo la Casa Torre cuando era más joven, y siempre la miraba desde fuera con respeto, incluso…casi miedo, pensaba “¿algún día estaré yo ahí?”. Ahora echo la vista atrás y río hasta con ironía. Porque sí, las ironías de la vida. ¿Quién iba a pensar, que años…muchos más años después, estaría yo dentro? Fue sentirme en la alfombra roja, y con todos mis respetos a los famosos, ¡que yo con mis jeans iba muy mona, oiga! Pero, ¡qué coño! Ayer me sentí grande (no valen los chistes esos de que yo ya soy grande, tengo un trasero grande, o la cabeza bien grande…).

Ejem…sigamos…

Ahí estaba yo, aquella nieta de sardineras, hija de remero y madre de todos los desmadres (que sí, que una tiene un pasado, pero yo he sido una Santa, lo prometo). Pero estaba allí, en mi casa, rodeada de mi gente, y con unas ganas de llorar, que si no fuese porque Eva Soler me amenazó con la mirada y ese brownie vegano que estaba buenísimo, vamos, ¡que una llora, pero que llora de verdad! Mi padre al fondo (otro con la coño lagrimilla en la jeta), Mr. Blake abanderando el clan de los fans cerveceros (sí, esos de; sí cariño yo voy, voy, voy al bar de abajo y espero a que acabes con una cañita en la mano, ¡por San Miguel! Vamos, ese juramento me lo creo yo de él así, a pies juntillas. Pero mi mayor fan, mi fan number one estaba sentada justo delante de mí, atormentandome con su mirada, moviéndose como una ladilla y ¡hostias, firmando autógrafos! Y yo en plan Sara Montiel diciendo, ¿pero esto qué es? Pues nada sí, que sí que lo hizo, ¡que Mini Blake me robó protagonismo! ¡Será hija de la ouija! ¡jajajajajajajajaja!

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Entre la gente, nuestras seguidoras incondicionales, algunas AMIGAS con mayúsculas sí. De esas que estarán ahí hasta que David Gandy nos separe (quién dice Gandy, dice Henry Cavill, dice Joe Manganiello, o dice cualquier actor buenorrrrrro por el que estoy segura que me abandonarían en una carretera del desierto del Sáhara…). Ahora es cuando empiezo a escuchar los gritos y los, “¡joder tía eso nunca!, y yo por supuesto no me lo creo porque seguramente yo también lo haría, ¡jajajajajajajajajaja!

Después la sorpresa de la tarde. ¿¿¿¿¿¿¿¿He visto prensa?????? (ahora os pongo el emoticono con cara de susto), ¿este viene a fotografiarnos a nosotras o se ha equivocado de sala? ¡Mierda, se me olvidó ese chulísimo discurso que había preparado por la mañana en la ducha! ¿por qué en la ducha no puedo escribir?

Próxima nota: llamar a Mr. Blake y usarlo de escriba cada vez que me surja una buena idea en la ducha. Así yo mientras me higienizo los alerones, le voy dictando. ¡Buena idea, Iria!

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Somos un pequeño granito de arena dentro de este mega universo de la literatura romántica, y ayer hicimos un castillito (estábamos en una Casa Torre, no podía ser menos). Un paso, dos pasos, sí creo que vamos por los cimientos, pero creo que hay que echar más cemento para que la base sea buena. Tres pasos, cuatro pasos, una reedición. La Sumisa que hay en Mí vuelve con fuerza y con sorpresas. Seis pasos, siete pasos, otra novela, ya oficialmente la tercera (ya sé lo que me váis a decir, ¿y el relato? Ese ha sido cuarto y mitad, cuenta, sí mucho, pero no llega a novela, es…el benjamín de la casa).

Ayer hubo besos, fotos, abrazos, cariño mucho a raudales. Amor, muuuucho amor.

Ahora vuelvo a los besos, va a haber muchos besos, amor, mucho mucho mucho mucho mucho amor, y lluvia. Algo de lluvia.

Pues sí, Iria, vamos a dormir que esta noche va a llover, pero muy lejos de Bilbao…así que hay que protegerse.

Volvamos a empezar…

Las teclas me llaman y Aidan…(sí chicas, así se llama él), está detrás de mí esperándome.

Buenas noches…Gabon…

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Nuevas experiencias

Nuevas experiencias

Este fin de semana voy a ir por primera vez a Sant Jordi como escritora. ¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

Es otra perspectiva, desde luego. Verlo todo desde el otro lado. Estoy emocionada, y más porque hace dos años, que fue cuando comenzó esta aventura en serio, no me imaginaba ni por lo más remoto que una servidora estuviera allí. Me siento como Cenicienta, pero que conste que no pienso llevar tacones, que no es porque pierda el zapato, si no más bien porque no creo que lo aguante todo el día.

Una agenda apretadilla que me llevará a diferentes sitios, pero que al final promoción es, sobre todo para mis chic@s,  osea, mis libros. Otro pasito más para Iria Blake, un lect@r más, un salto más, aunque sea de medio metro.

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Estoy más que nerviosa, inquieta.

Hace dos años,  cuando mis amigas leyeron por primera vez La Sumisa que hay en Mí, no imaginé que personas desconocidas llegasen a leer ni una página mía. ya sabéis eso de…me conformo con que me lea mi familia…jajajajajajajajajaja, bueno pues ahora, esas seguidoras ya no son tu familia, es gente que te lee y te critica, para bien y para mal. Esta era la aventura.

Hoy puede que tenga diez seguiror@s más que hace dos años, o quince, da igual el número, porque esos seguidores, sena el número que sean están ahí porque leen mis libros y les han gustado. Por ese este Sant Jordi se lo dedico a esos pasitos que doy día a día. Un lector más cada día, aunque sea eso, es algo positivo.

No sé si venderé un libro o 100, lo que importa es que estáis ahí, los que seáis. Me ofrecéis esa gasolina que todo los autores necesitamos para seguir. Un comentario bueno y, hasta uno malo, son importantes para crecer. Soy novata, poca gente me conoce, pero sí, hago esto porque me gusta y tal vez, algún día pueda vivir de este sueño, pero si no, aquí seguiré, porque la tinta ya me corre por las venas y paso de transfusiones.

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Pues eso, que nos vemos este sábado, que me siento muy orgullosa de estar ahí aunque sea para animar a otros, pero quién sabe que pasará mañana, así que, por si acaso, y como dice mi Fabrizio del relato Lo que nos quede por vivir, cojamos este tren no vaya a ser que no vuelva a pasar. La monda sería que me lo encontrase. Entonces ya…¡no me bajo!

 

Pedazos de mí

Pedazos de mí

6:00 de la mañana.

Me levanto a escribir. Es mi hora del día, la lucidez de la mañana permite que mis musas afloren con ganas. Mis mejores historias empiezan a esa hora, como mi vida. No he reparado en la hora, y de repente, me doy cuenta de que ya tengo que levantar a mini Blake para llevarla a la escuela.

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Besos, más besos, súplicas para que termine rápido de desayunar, y a velocidad de vértigo la dejo en la puerta y me despido siempre con un beso. Veo como entra, deseo que todo le vaya bien y me encamino al tren.

Día tras día repito la misma operación. ¡Mierda, las musas aparecen en el tren!

Cojo mi libro de notas. Uno que siempre me acompaña a todas partes, porque las ideas fluyen en el momento que menos me lo espero. Anoto, la idea y continúo mi camino. ¡Ah, se me olvidaba! Todas las mañana cumplo el mismo ritual, un saludo a mis amigos y compañeros virtuales, un buenos días, un buen deseo. Personas que me encuentro en ese universo que son las redes sociales, lugar que muchas veces alimenta nuestras ganas de seguir, aunque otras prefieres no leer lo que sucede.

Sigamos con la rutina, Iria que te pierdes…

Salgo de la estación del tren y miro al cielo. Todos los días doy las gracias por ver ese, mentiría si digo sol, ese cielo nublado que me saluda desde el botxo de mi Bilbao querido, y continúo hasta llegar a mi trabajo. Sí, ese, el oficial, con el que pago mis facturas.

Entro por la puerta de la oficina y mi saludo alegre habitual se hace palpable entre mis compañeros, que me suelen decir que siempre llego con una sonrisa en la cara y un buenos días. ¿Por qué no?Sonreírle a la vida es lo que más me gusta. Siempre, ante lo bueno y  lo malo, procuro ponerle una sonrisa. Una nunca sabe lo que puede pasar mañana. Me sucede igual cuando me compro ropa, ¿por qué estrenarla mañana cuando puedo hacerlo hoy?

Lo dicho, trabajo. Me concentro, Iria desaparece para entrar en escena mi alter ego. Comparto experiencias laborales con grandes compañeros de trabajo, algunos se convierten en especiales, un punto y aparte. Llámese feeling, química o simplemente conexión laboral. Procuro hacer las cosas lo mejor que sé. Vale, me equivoco, soy humana, pero me gusta lo que hago.

Hora de comer. ¡Musas dejadme comer! Block de notas en mano y volvemos a empezar. Retazos de historias, escenas que aparecen en mi cabeza y personajes que me buscan Besos, más besos, mentiras, injurias, traiciones, amor…me encanta dejarme llevar por mis personajes. Entro en sus vidas y las armo y desarmo a mi antojo. ¡No es cierto! A veces, ellos hacen lo que les viene en gana y transforman mi propia vida.

Vuelta al trabajo. Acabo con mis responsabilidades y pongo fin a la historia del día. Día superado.

Mini Blake me espera en la entrada de casa y me pone morritos. ¿Este fin de semana vas a viajar? Yo respondo con pesar que sí, pero bajo la firme promesa de ir a buscarla al colegio antes de irme.

  • Pero duermo en casa, bollito – y me sonríe. Se le iluminan los ojos y me emociono.

La amo. El amor a un hijo es un puñetero amor de novela romántica.

Cenamos todos juntos, y se hace el silencio.

Bueno, en ocasiones, como hoy, se me ocurre hacer esta especie de diario de a bordo. Porque sí, detrás de Iria Blake hay una madre, una mujer, una trabajadora y una esposa. ¡Pobre Mr. Blake! ¡Otro viernes que le voy a dejar abandonado por los libros!

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Complicada la vida del consorte. Sí, ese señor o señora que sufre al escritor. Un día las musas que te despiertan a las 5 de la madrugada y el otro te pregunta si estás loca. Otro día te agarras la maleta y te vas a un encuentro de lectoras y escritoras. El siguiente, una feria de libros, otro, un taller de escritura. Llamadas, llamadas, whattsapps, mensajes, mails….Buff, espera que hasta yo me agoto. Paciencia Mr. Blake, los sueños suponen un sacrificio, pero sabes que es el sueño de tu esposa.  Y él, en silencio, mientras ve a su equipo de fútbol por la tele, te mira de reojo y te ve sonreír mientras escribes, mientras sueñas…

  • Valeeee, otro libro más y descanso unos meses.

Excusas, excusas, las musas se empeñan en joderte los planes. Cierro una página y empiezo otra.

La sumisa que hay en mí, Pura Magia, Lo que nos quede por vivir…Relatos, más relatos, colaboraciones…¡Respira, Iria! Otra historia que me busca…¡Quiero dormir! No puedo. Mis personajes se rebelan y manifiestan su deseo de salir de mi cabeza.

Soy un cúmulo de planes, de libros inacabados, de noches de desvelo, de Iria Blake.

Dice mi madre que sarna con gusto no pica, en mi caso tampoco mortifica, en tal caso engancha.

Descansa Iria, descansa, mañana volvemos a empezar.

Buenas noches…

 

El año que viví mi sueño…

El año que viví mi sueño…

Si tuviese que hacer un resumen general de lo que ha sido este año, lo declararía oficialmente como excelente-

Ha sido un año en el que he aprendido muchas cosas, no solo como escritora, sino también como persona. He crecido mucho.

También ha sido un año de reflexión, porque aunque todo ha sido casi perfecto, también me he llevado mis decepciones, algunas más grandes que otras, pero todas para valorar y aprender algo nuevo.

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Conocí gente nueva y he publicado mi segunda novela. ¿Quién me iba a decir esto hace un año cuando La Sumisa que hay en mí se dio a conocer? (Que por cierto, ese novela nos traerá nuevas sorpresas). Pura Magia me está dando muchas alegrías. Eso de que la gente reconozca tu trabajo es como si un ángel cayese del cielo y te diese un beso.

¿Mi día más feliz del año? Sin duda la presentación de Pura Magia. Hacía años que no lloraba tanto, jajajajajajajajaja y encima estuve rodeada de maravillosas personas. Familia, grandes amigas y estupendas compañeras. Algunas de ellas ya, me acompañan en mi aventura con Ediciones Coral. A ellos darles las gracias por la confianza depositada en mí. Gracias a ellos, Pura Magia ha volado al otro lado del charco y ese día fue muy emocionante.

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No soy muy dada a planes de largo plazo, pero sí que es cierto que nunca antes había visto algo tan claro como escribir. Me da alegrías continuas. No hay nada como recibir el cariño de las lectoras y esas críticas maravillosas que han llegado de muchos sitios del mundo. Cada mensaje de apoyo es como renacer de nuevo. Sois la gasolina de las autoras.

Así que, ¿mi plan de futuro? Seguir escribiendo y haciendo las cosas como hasta ahora. Bueno vale, mejorando también y haciendo que las lectoras se emocionen con mis historias. Eso es lo mejor del mundo.

¿Proyectos? Todas las escritoras vivimos en un proyecto continuo. La cabeza no deja de trabajar ni durmiendo. ¡Malditas musas! ¡Benditas musas!

Un relato que voy a ofrecer a mis queridas lectoras. “Lo que nos quede por vivir”. Una preciosa historia de amor entre un insolente treintañero y una dulce cuarentañera. Fabrizio y Montse os harán vibrar.

Y después…

ediciones coral Read more

Diario de Pura Magia

Diario de Pura Magia

Día 2

  
Tenía ganas de hacer algo nuevo. Sorprenderos un poco. Cada día que pasa, mi editora me da una nueva noticia y claro, a veces no sé cómo reflejarlo de la forma adecuada. Quería…¿innovar? Bueno, eso no lo sé porque está todo más que inventado. Pero quería que cada día lo siguieseis anhelando el siguiente. Un día, algo nuevo, por pequeño que fuese. 

Así que, de este modo nació el Diario de Pura Magia, porque la historia de Alec y Marta se lo merecía y porque pedía tener algo diferente.

Y bueno, por otra parte están mis dulces insumisas – hechiceras…¿qué sería de Iria Blake sin ellas? Pues poco. Me apoyan todos los días con su buenos días. Se alegran de cada saludo. Me miman, las mimo, son como el apéndice que llevó conmigo todos los días. Como diría Alec, “no las quiero para mí, las quiero conmigo”. Son mis compañeras desde hace casi un año….”Cómo pasa el tiempo…”, y ahora están ahí, a la expectativa de que salga la novela. Así que, ¿son o no son un amor? Se merecen lo mejor.

Por eso nació el Diario. Bueno, eso y mucho más, “porque yo lo valgo”. 

  
Así que, como dice la foto de arriba, como sois la razón de los latidos de mi corazón….

Ahí va, damas y caballeros…

El diario de Pura Magia!!!!!

Noticias frescas dentro de mi grupo de lectura, Las insumisas de Iria Blake…

Hagamos que cada día sea distinto…

Mil besos!!!!!!😘😘😘

Por una idea original

Por una idea original

Esa noche no lo esperaba.

Abrió la puerta sin llamar.  No se imaginaba mi cara de sorpresa, etc, etc, etc…

Cuando leemos una novela, siempre buscamos algo que sea novedoso. Sí ya sé, la novela romántica tiene una premisa básica. Chico conoce chica, chica conoce chico, chica a chica, chico a chico….

Vale sí, pero ¿qué tal si nos arriesgamos todas un poco a la hora de escribir?

Lo cierto es, que como lectora siempre me han gustado historias que a parte de tener el denominador común, contasen algo distinto. Y los cierto es que como escritora, estoy intentando que las historias que escribo se caractericen tal vez por eso. Hacer algo distinto. Es difícil lo sé, parece que está todo contado, pero no, yo creo que una cosa son las historias y otra las forma de contarlas.

Antes de escribir, leía una media de 70 libros al año. Ahora se jodió la media y el calcetín, pero reconozco que es por una buena causa. Escribir mis propias historias.

Una vez, escuché a una conocida escritora decir, que ella escribía lo que le gustaría leer. En cierto modo, yo hago lo mismo, pero creo que también muchas de nosotras. Tal vez empecemos con una historia determinada, pero siempre se verán pinceladas en esa historia de lo que realmente queremos escribir. Yo al menos lo siento así. La sumisa es una historia con mucho sexo, pero creo que cada una de las escenas de sexo están de sobra justificadas. No hay sexo, por sexo. Pura Magia sigue la misma línea, pero cuenta una historia totalmente distinta y seguro lo vais a ver. A la primera vamos.

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Esto me lleva a la idea inicial sobre hacer algo original, y creo que muchas lo hacemos. En mi caso, puedo decir que a parte de polvos bestiales, que los hay, detrás hay historias de personas con miedos y realidades que tal vez nos acercan a la vida de cualquiera de nosotros. Poco a poco, las escritoras llevamos un camino que nos caracteriza, creo que a mis historias es ese. Confianza en la pareja, miedo al futuro…¿no os suena un poco de la vida real? Sí vale, hombres ricos, mujeres estupendas, bueno a veces ya no tanto. Cada vez buscamos algo nuevo y eso significa que no está todo contado. Porque no todos tenemos unos cuentos de ceros extra en el banco, pero seguro que más de uno ha tenido una noche íntima para no olvidar, o un regalo, por insignificante que parezca que lo tendremos en la memoria hasta que seamos dulces abuelitos. ¡Esa es la magia de la literatura! Crear historias increíbles y hacer feliz a nuestra imaginación. Para historias tristes, pongamos las noticias. Pero a veces, sin darnos cuenta, los lectores, por algún motivo u otro se sienten reflejados en las personalidad del protagonista, y eso no tiene nada que ver con sus millones en el banco o con los siete coches en el garaje. ¡Esa es la grandeza de las novelas!

Me siento orgullosa del trabajo que las escritoras realizamos, porque siempre de algún modo os hacemos soñar. Y soñar es algo precioso.

A cada una nos caracteriza una forma de escribir, pero en el fondo, todas ofrecemos lo mismo. Un rato de felicidad. Un rato de una buena historia. Y ahí es donde radica lo original. Cada una ve la historia de una forma distinta, y ese aporte no lo hacemos solo las escritoras, son las lectoras las que lo hacen.

Gracias a todas por cada líneas que leeis y cada párrafo que escribís, porque esos momentos, son mágicos.

“A la mañana siguiente desperté y él seguía ahí, a mi lado, nunca podré olvidar la noche que pasamos juntos…”

Pensar que cada persona que lea esto, sentirá algo distinto, es el aporte de energía que me ayuda a escribir. Pero creo que yo no soy la única que siente eso.

Gracias….

El efecto de las bolas chinas

El efecto de las bolas chinas

Una buena compañera del Facebook, Abby Mujica me suele pedir de vez en cuando una colaboración para participar en alguna antología que otra. Lo hago, me encanta y al final es una experiencia más..

Pensando en ese pequeño relato, al acabarlo, me quedó la sensación de que me había quedado en el aire con ella, que podía mejorarla y que de ahí podía sacar algo…

Necesito vuestra opinión…

¿Se merece este relato una historia????

El efecto de las bolas chinas.

Un relato de Iria Blake

Todos los derechos reservados.

Aburrida, así me encontraba yo cuando decidí hacerlo.

No era que me diese vergüenza, en absoluto, me consideraba bastante liberal y resuelta en cuanto a hacer ese tipo de cosas, pero no sabía por qué, la timidez se apoderó de mí cuando entré  por la puerta.

Ir a comprar un vibrador no era la solución que buscaba para mis problemas, pero como decía mi amiga Montse , “ Estás amargada Alejandra, necesitas un buen orgasmo”.  Así que como mi lista de amantes era más bien reducida a cero, opté por la solución moderna.

Tener una idea en la cabeza de cómo podría ser un sex shop, no implicaba que tal vez fuese arcaica. Pero entrar en una tienda de ese tipo y  pensar que me iba a encontrar un sitio oscuro, dónde la gente buscaba a medio escondidas;  y en vez de eso, ver un sitio lleno de luz, con personas riéndose entre ellas buscando el mejor regalo para una despedida de soltera o un tipo viendo con total tranquilidad la sección porno, no tenía nada que ver con la imagen que yo albergaba. En el fondo fue un consuelo para mí.

No sabía ni por dónde empezar a buscar, vamos que eso era un laberinto.  Por un lado  la vergüenza  se asomaba de vez en cuando, pero por otro, y en un intento de parecer valiente, andaba por los pasillos con una seguridad inusitada en mí.

Crucé tres enormes pasillos que mostraban todo tipo de objetos sexuales, algunos de los cuales, solamente había reconocido de películas porno, y otros,  que en mi vida había visto. Era todo un mundo, pero es que yo, ¡solo buscba un maldito dildo! ¿Tan difícil era encontrar uno?

Llegué a un cuarto pasillo, donde había una larga hilera de bolas chinas, de distintos tamaños, pesos y colores. ¿También era importante el peso? Estaba con la intriga de saber el motivo por el que había bolas con diferente peso. Así que tomé las que estaban de muestra y las empecé a sopesar una en cada mano.  Estaba tan inmersa en saber para qué servía eso del peso que no percibí la presencia de alguien detrás de mí hasta que habló.

  • ¿Cuánto puedes soportar?

Me sobresalté de tal forma, que las bolas saltaron de mi mano y acabaron en el suelo.

Me puse nerviosa, y me agaché  a recogerlas precipitadamente, cuando al incorporarme, me di de frente con el causante de mi susto.

  • ¿Qué sí qué? – dije apartándome la melena de la cara y con clara muestra de ofensa.
  • ¿Qué cuánto peso puedes soportar? – repitió él ayudándome a recoger el último par de bolas desperdigado por el suelo.
  • Lo siento, no sé de qué me hablas y la verdad no te conozco como para responder una pregunta como esa – contesté de lo más borde y con unas ganas tremendas de abofetearle la cara.

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Nos levantamos  quedándonos cara a cara.

Verle me causó tal impresión, que un repentino nudo se formó en mi bajo vientre y mi corazón empezó a latir desbocadamente. Y es que delante de mí, descubrí al espécimen de hombre más sexy con el que jamás me había topado. Castaño claro, ojos azules, mediría como casi dos metros (aunque yo para eso de las medidas era  bastante nula) y una sonrisa letal que era capaz de parar el tráfico de media ciudad. Se me olvidó al instante su grosería conmigo, bueno no se me olvidó pero por un segundo quedó aparcada.

  • Oh, disculpa, trabajo aquí, soy Sergei, ¿puedo ayudarte? – dijo con un claro acento del este que fue entonces ahí cuando mi ropa interior se desintegró.
  • Es que, que…claro..como tú has empezado así, yo…pensaba que.. –no era capaz de hilar una palabra con otra, sentía una inmensa vergüenza por el malentendido y no sabía cómo salir de la situación hasta que recordé bien cómo empezó el encuentro, me envalentoné y aparté por un segundo los pensamientos obscenos que ese chico me causaba – es que claro no puedes decir a la espalda de una chica que tiene unas bolas chinas en la mano cuánto peso puede soportar…

Por un momento se quedó en silencio y pensativo, tocándose la barbilla con sus dedos pulgar e índice y acariciando el maravilloso hoyuelo que se le formaba con ese gesto.

Pensé, “Alejandra, deja de imaginar posturas sexuales imposibles con este hombre que no es para ti”, pero qué narices, era un desconocido y mi imaginación era mía.

  • Sí puedo – respondió de repente sacándome de mi ensoñación – más que nada porque trabajo ahí y tú no puedes comprar cualquier bola china – esas dos últimas palabras casi me provocaron un orgasmo instantáneo – van por peso, ¿lo sabías? – yo negué con la cabeza y me quedé mirando las bolas como idiota, devolviéndole la mirada como si fuese una niña pequeña aprendiendo una lección de su padre, solo que el tipo de lección que mi mente imaginaba, nadaba por los mares de la lujuria y el sexo y no pensaba en él como mi padre precisamente – ¿ves? Por eso te pregunté lo del peso, tu vagina tiene que estar preparada para poder albergar un determinado peso que tú seas capaz de soportar para poder practicar…
  • Ya, ya..ya he entendido, no hace falta que sigas más allá – y es que como siguiese hablando de bolas chinas y de vaginas, yo sí que era capaz de lanzarme a su cuello, porque había despertado tal deseo inusitado en mí, que estaba a punto de perder el poco control que me quedaba, ¡oh, dios! Pero, ¿tan desesperada estaba?

No, bueno sí, era una mezcla de todo. Desesperación, un objeto sexual en la mano y un impresionante hombre frente a mí que con su aspecto y su acento, habían despertado a la fiera que llevaba dormida desde hacía meses.

  • No, no da igual – respondió con total tranquilidad, toda la que me faltaba a mí – piensa que si no coges las adecuadas te podrías dañar la vagina y se trata de que la fortalezcas, ¿no?

¡Ahhh, entonces de eso se trataba! De fortalecer mi vagina…

“Tierra trágame” pensé totalmente apesadumbrada.

Un rubor se extendió por mi cara y sentí que la vergüenza me consumía. ¡Fortalecer mi vagina! Tonta, tonta y tonta. ¡¡¡¡Para eso sirven realmente unas bolas chinas!!!!

  • Entonces, ¿te ayudo a seleccionar las que te pueden servir? – añadió sacándome de nuevo de mi charla con mi yo interior.
  • No, no, da igual – contesté precipitadamente soltando ese objeto del mal de mis manos como si quemara – en realidad no buscaba esto, quería un dildo.

“¡Bravo Alejandra! ¡te has lucido! , no contenta con humillarte delante de este pedazo de macho sobre tu desconocimiento de unas bolas, le demuestras lo desesperada que estás” , mi conciencia estaba empezando a tocarme las narices sin escrúpulo alguno.

  • Ah, pues ven por aquí que te ayudo a buscar el más adecuado para ti – lo hizo señalándome con la mano para que le acompañase, cuestión de la que me negaba en redondo puesto que no estaba dispuesta a dejarme mostrar nada por ese chico.

Bueno, nada, nada…

  • No, no, de veras que no hace falta – le dije con voz temblorosa causada por unos nervios que parecían no querer desaparecer – yo puedo sola.
  • Perfecto, si necesitas mi ayuda, estaré en el mostrador esperándote.

Ese esperándote sonó de  tal forma que preferí obviarlo y me fui a la búsqueda de mi deseado objeto. Pero en ese momento solo deseaba otro tipo de objeto que tenía vida y no era del frío e inerte látex.

“¿Qué se sentiría jugar con el frío e inerte látex y ese maromo a la vez?”, por dios necesitaba un orgasmo desesperadamente.

Al final encontré el pasillo correcto y localicé más o menos lo que andaba buscando, pero cuando fui a pagar, recordé a  la persona que me esperaba en caja y me lo tuve que pensar dos veces antes de acercarme o salir corriendo sin mi consuelo material.

Me recompuse como pude, y con la poca valentía que me quedaba me dirigí al mostrador. Y allí estaba esperándome la sonrisa más bonita que mis ojos habían visto en la vida. De no ser porque estaba más bueno que  el pan y despertaba en mí los deseos más lujuriosos y sucios que nunca habían pasado por mi mente, diría que Don Sonrisa Letal estaba tan atraído por mí como yo lo estaba por él.  Pero dada mi desesperada situación sexual, seguramente no era recíproco y había dejado volar mi imaginación más de lo normal.

  • ¿Al final te decidiste por este? – preguntó cogiendo el vibrador con las manos y acariciándolo con una sutileza que hizo brotar de nuevo absurdos pensamientos en mi imaginación – tu novio se va a poner muy contento, es genial poder compartir el deseo y divertiros los dos a la vez con uno de estos.

¿Novio? ¿Compartir? ¿Qué demonios había hecho?

Le quité el vibrador de la mano de forma totalmente violenta y casi podría decir que absurda, para mirar qué demonios había cogido precipitadamente que no había visto lo que era. Así que cogí la caja y leí las instrucciones.

Cuando empecé a leer, otra ola de vergüenza me asoló, ¿por qué habiendo cientos de vibradores en una estantería se me ocurrió lanzarme por ese?

“Vibrador Quo, el que está de moda para la pareja”.

No era mi día, definitivamente no lo era. Ya no me sentía ruborizada, estaba encendida. Meses sin sexo con otro hombre, agobio, estrés y encima para acabar de rematar la faena, mil y un malentendidos con el atractivo empleado de un sex shop que me provocaba orgasmos imaginarios. Mi amiga Montse tenía razón, estaba amargada.

  • No lo siento, yo…- Dios Alejandra no lo arregles más – déjalo, da igual –  me rendí y opté por la salida rápida – dime que te debo por favor Sergei…
  • Son 150 €.

¡150 € por algo que ni siquiera iba a usar!

En ese momento ya solo me apetecía volver a casa, encerrarme en mi camita y no volver a despertar hasta la después de la próxima glaciación. Así que le entregué mi tarjeta de crédito que me reclamaba a gritos la estupidez que estaba a punto de cometer y agaché la cabeza.

  • ¿No tienes la tarjeta de socia? Te saldrá más barato.

¿Tarjeta de socia? A punto estuve de lanzarle la tarjeta pero de crédito a la cara de la indignación que me provocó, pero la poca dignidad que me quedaba, obró en consecuencia y negué con mi cabeza.

  • No, no la tengo, pero…
  • Pues dime tu nombre y tu teléfono y la relleno yo y así te puedo hacer ahora el descuento, ¡es fácil! ¿Ves?

Lo dijo con esa sonrisa de actor de Hollywood que no pude negarle nada. No le hubiese negado ni mi recuperada virginidad.

  • Alejandra Arana – y le di mi número de teléfono con el mismo automatismo que se la daba a la cajera del supermercado para hacerte el descuento del mes en tu compra semanal.

Recogí la bolsa del mostrador y me fui más deprimida aún de lo que había entrado. Con ganas de esconderme dentro de una cueva y no salir jamás.

Llegué a mi casa y dejé tiré la bolsa en el sofá. Solo me apetecía tomarme una relajante cerveza, poner la tele para ver algún canal que me adormeciese los sentidos y me prohibiese pensar.  Pero me dio tiempo a llegar a la cocina, cuando oí el timbre del móvil que anunciaba la entrada de un whattsapp.

Ni me tenté en ir a verlo porque me imaginaba que era mi amiga Montse para cotillear sobre mi aventura sexshopera, así que decidí dejarlo para más tarde.

Pero una vez que llegué a la cocina, escuché que el timbre del teléfono no paraba de sonar, alertándome sobre la continua entrada de mensajes.

“¡Qué pesadita la Montse!”, pensé con hartazgo.

Volví al salón con la cerveza en la mano y la dejé encima de la mesita del café. Busqué el móvil en el bolso, y después de desbloquearlo y buscar los  whattsapps, comprobé que eran de un número desconocido.

Mis ojos se abrieron como platos al comprobar de quién eran.

“Alejandra, precioso nombre”

“Te he dejado un pequeño obsequio dentro de la bolsa”

Sin más dilación me dirigí a la bolsa y miré dentro de ella. El muy cabrón había metido las bolas chinas.

Volví a leer los mensajes.

“¡Sorprendida no?”

Pues sí, lo estaba.

“Ahora póntelas”

¿Qué? ¡Ponérmelas! No necesitaba fortalecer mi triste vagina, lo que necesitaba era otra cosa.

“Sé lo que estás pensando, póntelas”.

¿Pero el ruso que se había creído? No si ahora iba resultar que era un auténtico imbécil.

“ Te lo voy a explicar…”

Había una leve pausa y el emoticono de la sonrisa, pero al cabo de un rato siguió.

“Si te las pones ahora, cuando vuelvas a mí, sentirás tantas ganas de liberarte, que tendrás el mejor orgasmo que jamás hayas tenido”

Lo dicho imbécil y arrogante.

“Pero si decides no venir, cuando te masturbes, tendrás un orgasmo increíble y rogarás porque haya sido yo quién te lo haya proporcionado”.

Imbécil, arrogante y creído.

No escribió nada más y yo me quedé con la boca abierta y con las ganas de decirle algo más profundo, pero no por mensaje.

Estuve tentada de volver a la tienda a cantarle las cuarenta, pero la vergüenza podía más que yo.

Intenté olvidarle a lo largo de la tarde, pero sus mensajes me venían  a la cabeza una y otra vez como si fuese él directamente quien me lo estuviese diciendo a la cara.

No podía dejar de pensar en sus mensajes. Cené con la cabeza puesta en ellos y me sentía cómo una excitación crecía en mi interior. Horrible, bueno no tanto si pensaba en las bolas.

Me duché con agua fría para intentar mitigar mi anhelo, pero mientras lo hacía, ni el agua fría me calmaba, solo podía pensar en las bolas y en algo más que prefería no decir en voz alta.

Me metí en la cama y le di vueltas y vueltas hasta que las mantas se estrujaron a mi alrededor. ¡Vaya nochecita!

El ruso me despertaba en sueños y yo intentaba mitigar ese calor interior con infructuosos usos de mi mano. Hasta que caí vencida, no tanto por el sueño, si no más bien por el agotamiento mental y físico.

Me desperté bien temprano el sábado por la mañana  e hice algo que jamás antes se me hubiese pasado por mi inocente cabeza. Me puse las bolas chinas, con un esfuerzo increíble dicho sea de paso,  porque nunca anteriormente había hecho algo así.

Empecé a pasear por la casa con las piernas medio cerradas porque pensaba que se iban a caer o que las iba a solar al menor esfuerzo, con lo que sin darme cuenta, yo misma me estaba estimulando.

Llegó un punto en el que empezaba a ser desesperante, porque a la estimulación de las muy infames, tenía que añadir el ardor que sentía de pensar en lo que el ruso me podía hacer.

Calor por mi cuerpo empezó a emerger y mi imaginación ya  fluía con total libertad.

“Sergei…”

Empecé de nuevo a acariciarme mi piel tal y como lo había hecho repetidas veces la noche anterior, pero ni modo, no lograba apaciguar mis recién descubiertos deseos sexuales.

“Sergei…”

No tenía miedo de encontrarme con él, más bien era esa timidez que mostraba ante lo desconocido.  Así , que por segunda vez en mi vida, la entrada al sex shop contaba como la primera, tomé las riendas y me atreví a ponerme la ropa más sexy que tenía e ir a buscarle.

¿Loca’? Tal vez, ¿desesperada? También.

Llegué a la tienda cuando todavía la estaban abriendo,  pero aún así me adentré en ella. Pasé como pude bajo la persiana entreabierta y me lancé.

  • ¡Hola!

Nadie contestaba.

  • .- volví a decir con voz más suave.

A punto estaba de darme la media vuelta, cuando una voz femenina atrajo mi atención.

–  Hola, ¿en qué puedo ayudarte? – la voz de una rubia de ojos azules altísima que parecía también provenir de algún país del este.

–  Busco al chico ruso que trabaja aquí.

–  ¿Ruso? Aquí no hay ningún ruso.  – contestó confundida.

– Bueno no sé, tal vez sea de otro sitio –  entonces su nombre me vino a la cabeza – ¡Sergei!  Se llama Sergei, eso..

– Ahh, el jefe. Está en su oficina, al fondo, y por cierto, es ucraniano.

Ruso, ucraniano, a mi me daba igual, estaba poniéndome tan nerviosa entre las malditas bolas y saber que estaba ahí que no había caído en lo primero que dijo.

  • ¿Jefe?, pero si ayer me atendió y me dijo que…
  • Bueno es que él es así, porque prefiere no intimidar.

Intimidar decía…pero si solo con su altura ya intimidaba más que el guardaespaldas de Putin.

  • Bueno da igual, no quiero molestar – los nervios se me habían subido a la boca del estómago y estaba a punto de tener náuseas. – ya vendré en otro momento.

besos sexy

Me di la media vuelta para largarme de allí como alma que llevaba el diablo, cuando sentí que una mano me sujetaba del codo con firmeza.

  • Veo que al final te has decidido, preciosa Alejandra.
  • Bueno yo…

Y no me dio tiempo a más. Me llevó casi en volandas hacia su despacho, cerró la puerta a sus espaldas y me miró con una fiereza tal que casi  me desintegró las bolas que llevaba en mi interior.

– ¿Sientes un intenso dolor, verdad?

Otra vez  tan solo asentía con la cabeza, incapaz de articular palabra.

  • Ahora mismo te lo voy a solucionar. Y que sepas – se pegó tanto a mí, que podía sentir su firme erección sobre mi vientre – que hubiese insistido si tú no hubieses venido hoy, porque te deseé desde le minuto en que tus pies tocaron esta tienda.

Y me volví a rendir, pero esta vez al efecto que causaron las bolas en mi interior cuando él las extraía.  A sus caricias, a todos los momentos de lujuria que pude tener a su lado. A su tacto, a su piel y a la mía. A los momentos en que me acariciaba y podía sentir algo parecido a un soplo de aire fresco a mi alrededor. A su lengua juguetona en mis pliegues y a su pene dentro de mí. Oírle gemir fue lo más erótico que jamás había escuchado. Un rugido varonil incrustándose en mi cerebro mientras tenía su orgasmo y yo, yo…me sentía volar con cada roce, con cada palabra, con cada segundo que pude disfrutar de su contacto.

No tenía ni idea a dónde iba a ir a para esto, pero desde luego, iba a disfrutarlo porque si no lo hubiese intentado, no habría sabido, cuál era el verdadero efecto de las bolas chinas.

FIN