Pedazos de mí

Pedazos de mí

6:00 de la mañana.

Me levanto a escribir. Es mi hora del día, la lucidez de la mañana permite que mis musas afloren con ganas. Mis mejores historias empiezan a esa hora, como mi vida. No he reparado en la hora, y de repente, me doy cuenta de que ya tengo que levantar a mini Blake para llevarla a la escuela.

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Besos, más besos, súplicas para que termine rápido de desayunar, y a velocidad de vértigo la dejo en la puerta y me despido siempre con un beso. Veo como entra, deseo que todo le vaya bien y me encamino al tren.

Día tras día repito la misma operación. ¡Mierda, las musas aparecen en el tren!

Cojo mi libro de notas. Uno que siempre me acompaña a todas partes, porque las ideas fluyen en el momento que menos me lo espero. Anoto, la idea y continúo mi camino. ¡Ah, se me olvidaba! Todas las mañana cumplo el mismo ritual, un saludo a mis amigos y compañeros virtuales, un buenos días, un buen deseo. Personas que me encuentro en ese universo que son las redes sociales, lugar que muchas veces alimenta nuestras ganas de seguir, aunque otras prefieres no leer lo que sucede.

Sigamos con la rutina, Iria que te pierdes…

Salgo de la estación del tren y miro al cielo. Todos los días doy las gracias por ver ese, mentiría si digo sol, ese cielo nublado que me saluda desde el botxo de mi Bilbao querido, y continúo hasta llegar a mi trabajo. Sí, ese, el oficial, con el que pago mis facturas.

Entro por la puerta de la oficina y mi saludo alegre habitual se hace palpable entre mis compañeros, que me suelen decir que siempre llego con una sonrisa en la cara y un buenos días. ¿Por qué no?Sonreírle a la vida es lo que más me gusta. Siempre, ante lo bueno y  lo malo, procuro ponerle una sonrisa. Una nunca sabe lo que puede pasar mañana. Me sucede igual cuando me compro ropa, ¿por qué estrenarla mañana cuando puedo hacerlo hoy?

Lo dicho, trabajo. Me concentro, Iria desaparece para entrar en escena mi alter ego. Comparto experiencias laborales con grandes compañeros de trabajo, algunos se convierten en especiales, un punto y aparte. Llámese feeling, química o simplemente conexión laboral. Procuro hacer las cosas lo mejor que sé. Vale, me equivoco, soy humana, pero me gusta lo que hago.

Hora de comer. ¡Musas dejadme comer! Block de notas en mano y volvemos a empezar. Retazos de historias, escenas que aparecen en mi cabeza y personajes que me buscan Besos, más besos, mentiras, injurias, traiciones, amor…me encanta dejarme llevar por mis personajes. Entro en sus vidas y las armo y desarmo a mi antojo. ¡No es cierto! A veces, ellos hacen lo que les viene en gana y transforman mi propia vida.

Vuelta al trabajo. Acabo con mis responsabilidades y pongo fin a la historia del día. Día superado.

Mini Blake me espera en la entrada de casa y me pone morritos. ¿Este fin de semana vas a viajar? Yo respondo con pesar que sí, pero bajo la firme promesa de ir a buscarla al colegio antes de irme.

  • Pero duermo en casa, bollito – y me sonríe. Se le iluminan los ojos y me emociono.

La amo. El amor a un hijo es un puñetero amor de novela romántica.

Cenamos todos juntos, y se hace el silencio.

Bueno, en ocasiones, como hoy, se me ocurre hacer esta especie de diario de a bordo. Porque sí, detrás de Iria Blake hay una madre, una mujer, una trabajadora y una esposa. ¡Pobre Mr. Blake! ¡Otro viernes que le voy a dejar abandonado por los libros!

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Complicada la vida del consorte. Sí, ese señor o señora que sufre al escritor. Un día las musas que te despiertan a las 5 de la madrugada y el otro te pregunta si estás loca. Otro día te agarras la maleta y te vas a un encuentro de lectoras y escritoras. El siguiente, una feria de libros, otro, un taller de escritura. Llamadas, llamadas, whattsapps, mensajes, mails….Buff, espera que hasta yo me agoto. Paciencia Mr. Blake, los sueños suponen un sacrificio, pero sabes que es el sueño de tu esposa.  Y él, en silencio, mientras ve a su equipo de fútbol por la tele, te mira de reojo y te ve sonreír mientras escribes, mientras sueñas…

  • Valeeee, otro libro más y descanso unos meses.

Excusas, excusas, las musas se empeñan en joderte los planes. Cierro una página y empiezo otra.

La sumisa que hay en mí, Pura Magia, Lo que nos quede por vivir…Relatos, más relatos, colaboraciones…¡Respira, Iria! Otra historia que me busca…¡Quiero dormir! No puedo. Mis personajes se rebelan y manifiestan su deseo de salir de mi cabeza.

Soy un cúmulo de planes, de libros inacabados, de noches de desvelo, de Iria Blake.

Dice mi madre que sarna con gusto no pica, en mi caso tampoco mortifica, en tal caso engancha.

Descansa Iria, descansa, mañana volvemos a empezar.

Buenas noches…

 

El año que viví mi sueño…

El año que viví mi sueño…

Si tuviese que hacer un resumen general de lo que ha sido este año, lo declararía oficialmente como excelente-

Ha sido un año en el que he aprendido muchas cosas, no solo como escritora, sino también como persona. He crecido mucho.

También ha sido un año de reflexión, porque aunque todo ha sido casi perfecto, también me he llevado mis decepciones, algunas más grandes que otras, pero todas para valorar y aprender algo nuevo.

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Conocí gente nueva y he publicado mi segunda novela. ¿Quién me iba a decir esto hace un año cuando La Sumisa que hay en mí se dio a conocer? (Que por cierto, ese novela nos traerá nuevas sorpresas). Pura Magia me está dando muchas alegrías. Eso de que la gente reconozca tu trabajo es como si un ángel cayese del cielo y te diese un beso.

¿Mi día más feliz del año? Sin duda la presentación de Pura Magia. Hacía años que no lloraba tanto, jajajajajajajajaja y encima estuve rodeada de maravillosas personas. Familia, grandes amigas y estupendas compañeras. Algunas de ellas ya, me acompañan en mi aventura con Ediciones Coral. A ellos darles las gracias por la confianza depositada en mí. Gracias a ellos, Pura Magia ha volado al otro lado del charco y ese día fue muy emocionante.

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No soy muy dada a planes de largo plazo, pero sí que es cierto que nunca antes había visto algo tan claro como escribir. Me da alegrías continuas. No hay nada como recibir el cariño de las lectoras y esas críticas maravillosas que han llegado de muchos sitios del mundo. Cada mensaje de apoyo es como renacer de nuevo. Sois la gasolina de las autoras.

Así que, ¿mi plan de futuro? Seguir escribiendo y haciendo las cosas como hasta ahora. Bueno vale, mejorando también y haciendo que las lectoras se emocionen con mis historias. Eso es lo mejor del mundo.

¿Proyectos? Todas las escritoras vivimos en un proyecto continuo. La cabeza no deja de trabajar ni durmiendo. ¡Malditas musas! ¡Benditas musas!

Un relato que voy a ofrecer a mis queridas lectoras. «Lo que nos quede por vivir». Una preciosa historia de amor entre un insolente treintañero y una dulce cuarentañera. Fabrizio y Montse os harán vibrar.

Y después…

ediciones coral Read more

Diario de Pura Magia

Diario de Pura Magia

Día 2

  
Tenía ganas de hacer algo nuevo. Sorprenderos un poco. Cada día que pasa, mi editora me da una nueva noticia y claro, a veces no sé cómo reflejarlo de la forma adecuada. Quería…¿innovar? Bueno, eso no lo sé porque está todo más que inventado. Pero quería que cada día lo siguieseis anhelando el siguiente. Un día, algo nuevo, por pequeño que fuese. 

Así que, de este modo nació el Diario de Pura Magia, porque la historia de Alec y Marta se lo merecía y porque pedía tener algo diferente.

Y bueno, por otra parte están mis dulces insumisas – hechiceras…¿qué sería de Iria Blake sin ellas? Pues poco. Me apoyan todos los días con su buenos días. Se alegran de cada saludo. Me miman, las mimo, son como el apéndice que llevó conmigo todos los días. Como diría Alec, «no las quiero para mí, las quiero conmigo». Son mis compañeras desde hace casi un año….»Cómo pasa el tiempo…», y ahora están ahí, a la expectativa de que salga la novela. Así que, ¿son o no son un amor? Se merecen lo mejor.

Por eso nació el Diario. Bueno, eso y mucho más, «porque yo lo valgo». 

  
Así que, como dice la foto de arriba, como sois la razón de los latidos de mi corazón….

Ahí va, damas y caballeros…

El diario de Pura Magia!!!!!

Noticias frescas dentro de mi grupo de lectura, Las insumisas de Iria Blake…

Hagamos que cada día sea distinto…

Mil besos!!!!!!😘😘😘

Por una idea original

Por una idea original

Esa noche no lo esperaba.

Abrió la puerta sin llamar.  No se imaginaba mi cara de sorpresa, etc, etc, etc…

Cuando leemos una novela, siempre buscamos algo que sea novedoso. Sí ya sé, la novela romántica tiene una premisa básica. Chico conoce chica, chica conoce chico, chica a chica, chico a chico….

Vale sí, pero ¿qué tal si nos arriesgamos todas un poco a la hora de escribir?

Lo cierto es, que como lectora siempre me han gustado historias que a parte de tener el denominador común, contasen algo distinto. Y los cierto es que como escritora, estoy intentando que las historias que escribo se caractericen tal vez por eso. Hacer algo distinto. Es difícil lo sé, parece que está todo contado, pero no, yo creo que una cosa son las historias y otra las forma de contarlas.

Antes de escribir, leía una media de 70 libros al año. Ahora se jodió la media y el calcetín, pero reconozco que es por una buena causa. Escribir mis propias historias.

Una vez, escuché a una conocida escritora decir, que ella escribía lo que le gustaría leer. En cierto modo, yo hago lo mismo, pero creo que también muchas de nosotras. Tal vez empecemos con una historia determinada, pero siempre se verán pinceladas en esa historia de lo que realmente queremos escribir. Yo al menos lo siento así. La sumisa es una historia con mucho sexo, pero creo que cada una de las escenas de sexo están de sobra justificadas. No hay sexo, por sexo. Pura Magia sigue la misma línea, pero cuenta una historia totalmente distinta y seguro lo vais a ver. A la primera vamos.

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Esto me lleva a la idea inicial sobre hacer algo original, y creo que muchas lo hacemos. En mi caso, puedo decir que a parte de polvos bestiales, que los hay, detrás hay historias de personas con miedos y realidades que tal vez nos acercan a la vida de cualquiera de nosotros. Poco a poco, las escritoras llevamos un camino que nos caracteriza, creo que a mis historias es ese. Confianza en la pareja, miedo al futuro…¿no os suena un poco de la vida real? Sí vale, hombres ricos, mujeres estupendas, bueno a veces ya no tanto. Cada vez buscamos algo nuevo y eso significa que no está todo contado. Porque no todos tenemos unos cuentos de ceros extra en el banco, pero seguro que más de uno ha tenido una noche íntima para no olvidar, o un regalo, por insignificante que parezca que lo tendremos en la memoria hasta que seamos dulces abuelitos. ¡Esa es la magia de la literatura! Crear historias increíbles y hacer feliz a nuestra imaginación. Para historias tristes, pongamos las noticias. Pero a veces, sin darnos cuenta, los lectores, por algún motivo u otro se sienten reflejados en las personalidad del protagonista, y eso no tiene nada que ver con sus millones en el banco o con los siete coches en el garaje. ¡Esa es la grandeza de las novelas!

Me siento orgullosa del trabajo que las escritoras realizamos, porque siempre de algún modo os hacemos soñar. Y soñar es algo precioso.

A cada una nos caracteriza una forma de escribir, pero en el fondo, todas ofrecemos lo mismo. Un rato de felicidad. Un rato de una buena historia. Y ahí es donde radica lo original. Cada una ve la historia de una forma distinta, y ese aporte no lo hacemos solo las escritoras, son las lectoras las que lo hacen.

Gracias a todas por cada líneas que leeis y cada párrafo que escribís, porque esos momentos, son mágicos.

«A la mañana siguiente desperté y él seguía ahí, a mi lado, nunca podré olvidar la noche que pasamos juntos…»

Pensar que cada persona que lea esto, sentirá algo distinto, es el aporte de energía que me ayuda a escribir. Pero creo que yo no soy la única que siente eso.

Gracias….

El efecto de las bolas chinas

El efecto de las bolas chinas

Una buena compañera del Facebook, Abby Mujica me suele pedir de vez en cuando una colaboración para participar en alguna antología que otra. Lo hago, me encanta y al final es una experiencia más..

Pensando en ese pequeño relato, al acabarlo, me quedó la sensación de que me había quedado en el aire con ella, que podía mejorarla y que de ahí podía sacar algo…

Necesito vuestra opinión…

¿Se merece este relato una historia????

El efecto de las bolas chinas.

Un relato de Iria Blake

Todos los derechos reservados.

Aburrida, así me encontraba yo cuando decidí hacerlo.

No era que me diese vergüenza, en absoluto, me consideraba bastante liberal y resuelta en cuanto a hacer ese tipo de cosas, pero no sabía por qué, la timidez se apoderó de mí cuando entré  por la puerta.

Ir a comprar un vibrador no era la solución que buscaba para mis problemas, pero como decía mi amiga Montse , “ Estás amargada Alejandra, necesitas un buen orgasmo”.  Así que como mi lista de amantes era más bien reducida a cero, opté por la solución moderna.

Tener una idea en la cabeza de cómo podría ser un sex shop, no implicaba que tal vez fuese arcaica. Pero entrar en una tienda de ese tipo y  pensar que me iba a encontrar un sitio oscuro, dónde la gente buscaba a medio escondidas;  y en vez de eso, ver un sitio lleno de luz, con personas riéndose entre ellas buscando el mejor regalo para una despedida de soltera o un tipo viendo con total tranquilidad la sección porno, no tenía nada que ver con la imagen que yo albergaba. En el fondo fue un consuelo para mí.

No sabía ni por dónde empezar a buscar, vamos que eso era un laberinto.  Por un lado  la vergüenza  se asomaba de vez en cuando, pero por otro, y en un intento de parecer valiente, andaba por los pasillos con una seguridad inusitada en mí.

Crucé tres enormes pasillos que mostraban todo tipo de objetos sexuales, algunos de los cuales, solamente había reconocido de películas porno, y otros,  que en mi vida había visto. Era todo un mundo, pero es que yo, ¡solo buscba un maldito dildo! ¿Tan difícil era encontrar uno?

Llegué a un cuarto pasillo, donde había una larga hilera de bolas chinas, de distintos tamaños, pesos y colores. ¿También era importante el peso? Estaba con la intriga de saber el motivo por el que había bolas con diferente peso. Así que tomé las que estaban de muestra y las empecé a sopesar una en cada mano.  Estaba tan inmersa en saber para qué servía eso del peso que no percibí la presencia de alguien detrás de mí hasta que habló.

  • ¿Cuánto puedes soportar?

Me sobresalté de tal forma, que las bolas saltaron de mi mano y acabaron en el suelo.

Me puse nerviosa, y me agaché  a recogerlas precipitadamente, cuando al incorporarme, me di de frente con el causante de mi susto.

  • ¿Qué sí qué? – dije apartándome la melena de la cara y con clara muestra de ofensa.
  • ¿Qué cuánto peso puedes soportar? – repitió él ayudándome a recoger el último par de bolas desperdigado por el suelo.
  • Lo siento, no sé de qué me hablas y la verdad no te conozco como para responder una pregunta como esa – contesté de lo más borde y con unas ganas tremendas de abofetearle la cara.

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Nos levantamos  quedándonos cara a cara.

Verle me causó tal impresión, que un repentino nudo se formó en mi bajo vientre y mi corazón empezó a latir desbocadamente. Y es que delante de mí, descubrí al espécimen de hombre más sexy con el que jamás me había topado. Castaño claro, ojos azules, mediría como casi dos metros (aunque yo para eso de las medidas era  bastante nula) y una sonrisa letal que era capaz de parar el tráfico de media ciudad. Se me olvidó al instante su grosería conmigo, bueno no se me olvidó pero por un segundo quedó aparcada.

  • Oh, disculpa, trabajo aquí, soy Sergei, ¿puedo ayudarte? – dijo con un claro acento del este que fue entonces ahí cuando mi ropa interior se desintegró.
  • Es que, que…claro..como tú has empezado así, yo…pensaba que.. –no era capaz de hilar una palabra con otra, sentía una inmensa vergüenza por el malentendido y no sabía cómo salir de la situación hasta que recordé bien cómo empezó el encuentro, me envalentoné y aparté por un segundo los pensamientos obscenos que ese chico me causaba – es que claro no puedes decir a la espalda de una chica que tiene unas bolas chinas en la mano cuánto peso puede soportar…

Por un momento se quedó en silencio y pensativo, tocándose la barbilla con sus dedos pulgar e índice y acariciando el maravilloso hoyuelo que se le formaba con ese gesto.

Pensé, “Alejandra, deja de imaginar posturas sexuales imposibles con este hombre que no es para ti”, pero qué narices, era un desconocido y mi imaginación era mía.

  • Sí puedo – respondió de repente sacándome de mi ensoñación – más que nada porque trabajo ahí y tú no puedes comprar cualquier bola china – esas dos últimas palabras casi me provocaron un orgasmo instantáneo – van por peso, ¿lo sabías? – yo negué con la cabeza y me quedé mirando las bolas como idiota, devolviéndole la mirada como si fuese una niña pequeña aprendiendo una lección de su padre, solo que el tipo de lección que mi mente imaginaba, nadaba por los mares de la lujuria y el sexo y no pensaba en él como mi padre precisamente – ¿ves? Por eso te pregunté lo del peso, tu vagina tiene que estar preparada para poder albergar un determinado peso que tú seas capaz de soportar para poder practicar…
  • Ya, ya..ya he entendido, no hace falta que sigas más allá – y es que como siguiese hablando de bolas chinas y de vaginas, yo sí que era capaz de lanzarme a su cuello, porque había despertado tal deseo inusitado en mí, que estaba a punto de perder el poco control que me quedaba, ¡oh, dios! Pero, ¿tan desesperada estaba?

No, bueno sí, era una mezcla de todo. Desesperación, un objeto sexual en la mano y un impresionante hombre frente a mí que con su aspecto y su acento, habían despertado a la fiera que llevaba dormida desde hacía meses.

  • No, no da igual – respondió con total tranquilidad, toda la que me faltaba a mí – piensa que si no coges las adecuadas te podrías dañar la vagina y se trata de que la fortalezcas, ¿no?

¡Ahhh, entonces de eso se trataba! De fortalecer mi vagina…

“Tierra trágame” pensé totalmente apesadumbrada.

Un rubor se extendió por mi cara y sentí que la vergüenza me consumía. ¡Fortalecer mi vagina! Tonta, tonta y tonta. ¡¡¡¡Para eso sirven realmente unas bolas chinas!!!!

  • Entonces, ¿te ayudo a seleccionar las que te pueden servir? – añadió sacándome de nuevo de mi charla con mi yo interior.
  • No, no, da igual – contesté precipitadamente soltando ese objeto del mal de mis manos como si quemara – en realidad no buscaba esto, quería un dildo.

“¡Bravo Alejandra! ¡te has lucido! , no contenta con humillarte delante de este pedazo de macho sobre tu desconocimiento de unas bolas, le demuestras lo desesperada que estás” , mi conciencia estaba empezando a tocarme las narices sin escrúpulo alguno.

  • Ah, pues ven por aquí que te ayudo a buscar el más adecuado para ti – lo hizo señalándome con la mano para que le acompañase, cuestión de la que me negaba en redondo puesto que no estaba dispuesta a dejarme mostrar nada por ese chico.

Bueno, nada, nada…

  • No, no, de veras que no hace falta – le dije con voz temblorosa causada por unos nervios que parecían no querer desaparecer – yo puedo sola.
  • Perfecto, si necesitas mi ayuda, estaré en el mostrador esperándote.

Ese esperándote sonó de  tal forma que preferí obviarlo y me fui a la búsqueda de mi deseado objeto. Pero en ese momento solo deseaba otro tipo de objeto que tenía vida y no era del frío e inerte látex.

“¿Qué se sentiría jugar con el frío e inerte látex y ese maromo a la vez?”, por dios necesitaba un orgasmo desesperadamente.

Al final encontré el pasillo correcto y localicé más o menos lo que andaba buscando, pero cuando fui a pagar, recordé a  la persona que me esperaba en caja y me lo tuve que pensar dos veces antes de acercarme o salir corriendo sin mi consuelo material.

Me recompuse como pude, y con la poca valentía que me quedaba me dirigí al mostrador. Y allí estaba esperándome la sonrisa más bonita que mis ojos habían visto en la vida. De no ser porque estaba más bueno que  el pan y despertaba en mí los deseos más lujuriosos y sucios que nunca habían pasado por mi mente, diría que Don Sonrisa Letal estaba tan atraído por mí como yo lo estaba por él.  Pero dada mi desesperada situación sexual, seguramente no era recíproco y había dejado volar mi imaginación más de lo normal.

  • ¿Al final te decidiste por este? – preguntó cogiendo el vibrador con las manos y acariciándolo con una sutileza que hizo brotar de nuevo absurdos pensamientos en mi imaginación – tu novio se va a poner muy contento, es genial poder compartir el deseo y divertiros los dos a la vez con uno de estos.

¿Novio? ¿Compartir? ¿Qué demonios había hecho?

Le quité el vibrador de la mano de forma totalmente violenta y casi podría decir que absurda, para mirar qué demonios había cogido precipitadamente que no había visto lo que era. Así que cogí la caja y leí las instrucciones.

Cuando empecé a leer, otra ola de vergüenza me asoló, ¿por qué habiendo cientos de vibradores en una estantería se me ocurrió lanzarme por ese?

“Vibrador Quo, el que está de moda para la pareja”.

No era mi día, definitivamente no lo era. Ya no me sentía ruborizada, estaba encendida. Meses sin sexo con otro hombre, agobio, estrés y encima para acabar de rematar la faena, mil y un malentendidos con el atractivo empleado de un sex shop que me provocaba orgasmos imaginarios. Mi amiga Montse tenía razón, estaba amargada.

  • No lo siento, yo…- Dios Alejandra no lo arregles más – déjalo, da igual –  me rendí y opté por la salida rápida – dime que te debo por favor Sergei…
  • Son 150 €.

¡150 € por algo que ni siquiera iba a usar!

En ese momento ya solo me apetecía volver a casa, encerrarme en mi camita y no volver a despertar hasta la después de la próxima glaciación. Así que le entregué mi tarjeta de crédito que me reclamaba a gritos la estupidez que estaba a punto de cometer y agaché la cabeza.

  • ¿No tienes la tarjeta de socia? Te saldrá más barato.

¿Tarjeta de socia? A punto estuve de lanzarle la tarjeta pero de crédito a la cara de la indignación que me provocó, pero la poca dignidad que me quedaba, obró en consecuencia y negué con mi cabeza.

  • No, no la tengo, pero…
  • Pues dime tu nombre y tu teléfono y la relleno yo y así te puedo hacer ahora el descuento, ¡es fácil! ¿Ves?

Lo dijo con esa sonrisa de actor de Hollywood que no pude negarle nada. No le hubiese negado ni mi recuperada virginidad.

  • Alejandra Arana – y le di mi número de teléfono con el mismo automatismo que se la daba a la cajera del supermercado para hacerte el descuento del mes en tu compra semanal.

Recogí la bolsa del mostrador y me fui más deprimida aún de lo que había entrado. Con ganas de esconderme dentro de una cueva y no salir jamás.

Llegué a mi casa y dejé tiré la bolsa en el sofá. Solo me apetecía tomarme una relajante cerveza, poner la tele para ver algún canal que me adormeciese los sentidos y me prohibiese pensar.  Pero me dio tiempo a llegar a la cocina, cuando oí el timbre del móvil que anunciaba la entrada de un whattsapp.

Ni me tenté en ir a verlo porque me imaginaba que era mi amiga Montse para cotillear sobre mi aventura sexshopera, así que decidí dejarlo para más tarde.

Pero una vez que llegué a la cocina, escuché que el timbre del teléfono no paraba de sonar, alertándome sobre la continua entrada de mensajes.

“¡Qué pesadita la Montse!”, pensé con hartazgo.

Volví al salón con la cerveza en la mano y la dejé encima de la mesita del café. Busqué el móvil en el bolso, y después de desbloquearlo y buscar los  whattsapps, comprobé que eran de un número desconocido.

Mis ojos se abrieron como platos al comprobar de quién eran.

“Alejandra, precioso nombre”

“Te he dejado un pequeño obsequio dentro de la bolsa”

Sin más dilación me dirigí a la bolsa y miré dentro de ella. El muy cabrón había metido las bolas chinas.

Volví a leer los mensajes.

“¡Sorprendida no?”

Pues sí, lo estaba.

“Ahora póntelas”

¿Qué? ¡Ponérmelas! No necesitaba fortalecer mi triste vagina, lo que necesitaba era otra cosa.

“Sé lo que estás pensando, póntelas”.

¿Pero el ruso que se había creído? No si ahora iba resultar que era un auténtico imbécil.

“ Te lo voy a explicar…”

Había una leve pausa y el emoticono de la sonrisa, pero al cabo de un rato siguió.

“Si te las pones ahora, cuando vuelvas a mí, sentirás tantas ganas de liberarte, que tendrás el mejor orgasmo que jamás hayas tenido”

Lo dicho imbécil y arrogante.

“Pero si decides no venir, cuando te masturbes, tendrás un orgasmo increíble y rogarás porque haya sido yo quién te lo haya proporcionado”.

Imbécil, arrogante y creído.

No escribió nada más y yo me quedé con la boca abierta y con las ganas de decirle algo más profundo, pero no por mensaje.

Estuve tentada de volver a la tienda a cantarle las cuarenta, pero la vergüenza podía más que yo.

Intenté olvidarle a lo largo de la tarde, pero sus mensajes me venían  a la cabeza una y otra vez como si fuese él directamente quien me lo estuviese diciendo a la cara.

No podía dejar de pensar en sus mensajes. Cené con la cabeza puesta en ellos y me sentía cómo una excitación crecía en mi interior. Horrible, bueno no tanto si pensaba en las bolas.

Me duché con agua fría para intentar mitigar mi anhelo, pero mientras lo hacía, ni el agua fría me calmaba, solo podía pensar en las bolas y en algo más que prefería no decir en voz alta.

Me metí en la cama y le di vueltas y vueltas hasta que las mantas se estrujaron a mi alrededor. ¡Vaya nochecita!

El ruso me despertaba en sueños y yo intentaba mitigar ese calor interior con infructuosos usos de mi mano. Hasta que caí vencida, no tanto por el sueño, si no más bien por el agotamiento mental y físico.

Me desperté bien temprano el sábado por la mañana  e hice algo que jamás antes se me hubiese pasado por mi inocente cabeza. Me puse las bolas chinas, con un esfuerzo increíble dicho sea de paso,  porque nunca anteriormente había hecho algo así.

Empecé a pasear por la casa con las piernas medio cerradas porque pensaba que se iban a caer o que las iba a solar al menor esfuerzo, con lo que sin darme cuenta, yo misma me estaba estimulando.

Llegó un punto en el que empezaba a ser desesperante, porque a la estimulación de las muy infames, tenía que añadir el ardor que sentía de pensar en lo que el ruso me podía hacer.

Calor por mi cuerpo empezó a emerger y mi imaginación ya  fluía con total libertad.

“Sergei…”

Empecé de nuevo a acariciarme mi piel tal y como lo había hecho repetidas veces la noche anterior, pero ni modo, no lograba apaciguar mis recién descubiertos deseos sexuales.

“Sergei…”

No tenía miedo de encontrarme con él, más bien era esa timidez que mostraba ante lo desconocido.  Así , que por segunda vez en mi vida, la entrada al sex shop contaba como la primera, tomé las riendas y me atreví a ponerme la ropa más sexy que tenía e ir a buscarle.

¿Loca’? Tal vez, ¿desesperada? También.

Llegué a la tienda cuando todavía la estaban abriendo,  pero aún así me adentré en ella. Pasé como pude bajo la persiana entreabierta y me lancé.

  • ¡Hola!

Nadie contestaba.

  • .- volví a decir con voz más suave.

A punto estaba de darme la media vuelta, cuando una voz femenina atrajo mi atención.

–  Hola, ¿en qué puedo ayudarte? – la voz de una rubia de ojos azules altísima que parecía también provenir de algún país del este.

–  Busco al chico ruso que trabaja aquí.

–  ¿Ruso? Aquí no hay ningún ruso.  – contestó confundida.

– Bueno no sé, tal vez sea de otro sitio –  entonces su nombre me vino a la cabeza – ¡Sergei!  Se llama Sergei, eso..

– Ahh, el jefe. Está en su oficina, al fondo, y por cierto, es ucraniano.

Ruso, ucraniano, a mi me daba igual, estaba poniéndome tan nerviosa entre las malditas bolas y saber que estaba ahí que no había caído en lo primero que dijo.

  • ¿Jefe?, pero si ayer me atendió y me dijo que…
  • Bueno es que él es así, porque prefiere no intimidar.

Intimidar decía…pero si solo con su altura ya intimidaba más que el guardaespaldas de Putin.

  • Bueno da igual, no quiero molestar – los nervios se me habían subido a la boca del estómago y estaba a punto de tener náuseas. – ya vendré en otro momento.

besos sexy

Me di la media vuelta para largarme de allí como alma que llevaba el diablo, cuando sentí que una mano me sujetaba del codo con firmeza.

  • Veo que al final te has decidido, preciosa Alejandra.
  • Bueno yo…

Y no me dio tiempo a más. Me llevó casi en volandas hacia su despacho, cerró la puerta a sus espaldas y me miró con una fiereza tal que casi  me desintegró las bolas que llevaba en mi interior.

– ¿Sientes un intenso dolor, verdad?

Otra vez  tan solo asentía con la cabeza, incapaz de articular palabra.

  • Ahora mismo te lo voy a solucionar. Y que sepas – se pegó tanto a mí, que podía sentir su firme erección sobre mi vientre – que hubiese insistido si tú no hubieses venido hoy, porque te deseé desde le minuto en que tus pies tocaron esta tienda.

Y me volví a rendir, pero esta vez al efecto que causaron las bolas en mi interior cuando él las extraía.  A sus caricias, a todos los momentos de lujuria que pude tener a su lado. A su tacto, a su piel y a la mía. A los momentos en que me acariciaba y podía sentir algo parecido a un soplo de aire fresco a mi alrededor. A su lengua juguetona en mis pliegues y a su pene dentro de mí. Oírle gemir fue lo más erótico que jamás había escuchado. Un rugido varonil incrustándose en mi cerebro mientras tenía su orgasmo y yo, yo…me sentía volar con cada roce, con cada palabra, con cada segundo que pude disfrutar de su contacto.

No tenía ni idea a dónde iba a ir a para esto, pero desde luego, iba a disfrutarlo porque si no lo hubiese intentado, no habría sabido, cuál era el verdadero efecto de las bolas chinas.

FIN

Amigas…con derechos

Amigas…con derechos

Hacía tiempo que te tenía abandonado mi querido blog…

Lo sé, ¡Dame con el látigo!!!! No tengo perdón, pero si hoy he vuelto es por una ocasión especial. Es para hablar de mis chicas. Para no variar.

Ellas…valientes compañeras de fatigas que me escuchan en mis desvelos y que logran que duerma con los pies en la tierra cuando se me va la cabeza. Que es muchas veces, vamos…

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Hoy me ha pasado algo en particular con una y le quería dedicar este post.

Ella es única, única en su especie, es mi mentora en asuntos BDSM y desde que tenemos conversaciones del tema creo que me he vuelto más abierta de mente. ¡Es la bomba! Me da unas lecciones que me deja a la altura del barro psicopatolígicosexual….Con ella he aprendido a usar sin trabarme, palabras como flogger o bondage. Ha hablar en francés sin pronunciar una sola palabra, a reírme de cada una de sus ocurrencias y así como quedarme patidifusa con sus aventuras, casi literarias. Es una gran maestra del DS aunque no lo sepa, pero sin darse cuenta, cada que me daba una clase (teórica señor@s, no lleven sus sucias mentes al orgasmo mental…) he aprendido mucho de ella. Es una grandísima persona. Es leal, segura, loca, firme, sincera, confiada (niña, ¿pero tu sabes con quién te has juntado?, jajajajajajaja). Me ha dado lecciones maestras sobre la dominación y la sumisión erótica, pero también me las ha dado sobre la vida.

Hoy me tienes en vilo, y tú ya sabes por qué.

Nena, necesito más clases, a ver si pongo firme a Mr. Blake de una buena vez, así que ¡dame duro!!!

A veces en tu vida aparecen personas del modo que menos te lo esperas. Nena, este año no has sido la primera, que lo sepas. Este pasado año, me ha llegado otra que sabe muy bien qué hacer con mis manos, y no tiene nada que ver con el bondage…pero de repente aparece gente como vosotras que me pone los pies en la tierra, que sois valientes y que os habéis ganado mi cariño por diferentes motivos, pero que al final son el mismo. Ser sinceras conmigo desde el principio. ¡Ya sé! No se me pongan celosas el resto. Pero esto va más allá…Hoy me he acordado especialmente de las dos por un motivo muy parecido.

Que sepáis que me siento muy afortunada de encontrarme en el camino una consejera personal de BDSM (una nunca sabe lo que se puede aprender en el camino) y una consejera de la vida (una nunca sabe lo que realmente puede aprender en el camino….), porque os hoy os doy una valor añadido, hoy os habéis ganado la etiqueta (no me gusta este término, pero ahora es válido como animal de compañía…) de amigas con derechos, porque eso es muy difícil obtenerlo hoy en día, porque el valor es uno también llamado luminosidad o luz, además de ser uno de los elementos del arte, en vuestro caso es  una cualidad de las acciones y las cosas que me permite ponderar vuestra  virtud humana.

la-amistad-es-mas-dificil-y-mas-rara-que-el-amor-desmotivaciones-de-amistad

Lo mejor de todo es que esto solo corrobora lo bien rodeada que estoy porque no sois las únicas que me dan esto. Tengo un grupo de inconmensurables churris que día a día me demuestran que la amistad existe, que el cariño es tangible, y que los amigos son un tesoro para conservar en una caja con siete llaves.

Gracias por estar ahí….a todas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Los ojos de Declan

Los ojos de Declan

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Tal vez me equivoqué, lo sabía, pero el puto miedo incontrolable que me desmoronaba cada vez que pensaba en nosotros, me convertía en el imbécil que me sentía ahora.

Me echó de su casa, de su lado de su cama, de su piel. Esa que me moría por acariciar en este instante. Esa que me volvía loco cada vez que la olía. Rozar mi nariz en su cuerpo y aspirar, era lo único que necesitaba para sobrevivir, el resto, me daba igual.

Pero no, no la tenía a mi lado. ¡No me quiso escuchar! ¿Qué significaba eso de que yo hice abortar a Debbie? ¿Estaba loca?? ¿Qué demonios estaba pasando a mi alrededor? Yo solo la quería conmigo, despertarme cada mañana y poder sentir su presencia para poder devorarla y que no olvidase que era suyo, que ella era mía.

Desde que me fui de su casa no podía dejar de pensar en lo que habíamos hablado, de lo absurdo al final de todo lo que estaba pasando, pero estaba dispuesto a enmendar ese error. Iba a darle lo que necesitaba, y supondría un absoluto gustazo para mi, obtener lo que yo quería de ella. Para eso tenía que volver a mi, y lo haría. No sabía cómo, pero lo haría.

Nervioso y agotado, me urgía despejarme. Tenía la intención de agarrarme un borrachera en un pub irlandés cercano, cuando me llegó un whattsapp de Alec diciéndome que me acercara al Darkness a tomar algo con él, que se encontraba solo. Pues bueno estaba yo como para ser su compañía. Vaya dos plañideras, Alec, en plena crisis de los 40 buscando su espíritu interior y no sabía qué gilipolleces más, y yo; yo un idiota enamorado, que había perdido todo mi control por esa española que me tenía loco. Yo ya no era un Amo, ella era la Ama de mi corazón.

Cogí el coche alquilado que la empresa ponía a mi disposición cuando me quedaba de permiso en España, y me acerqué a lo que en el fondo era mi local favorito. Allí donde estaba deseando domar a mi fiera, porque mi sueño era ese, meterla en una de sus mazmorras y atarla a mi cama hasta que suplicara por un orgasmo, que aunque ella no lo sabía, yo me moría por darle.

Llegué y aparqué lo suficientemente cerca de la puerta para que Héctor, uno de los miembros de seguridad del Darkness, me viese y me saludase desde la entrada. Pasé sin que necesidad de que me revisaran, como socio que era desde hacía muchos años, y me encontré a Alec sentado en la barra, con su cerveza en mano, y mirando el reloj obsesivamente, ¡qué ganas tenía de verme!

Se giró, me vio y le cambió la cara, se le puso una sonrisa pícara muy propia de él, que cualquiera diría que quería algo más de mí. ¡Menudo cabronazo! Estaba deseando ver quién sería la mujer que le sometiese a este y ser yo el que se riese de él.

– Hola amigo- me saludó con un sentido abrazo- gracias por venir, me apetecía un montón saber más de tu historia con la dulce  Henar, y pensé, ¿qué mejor sitio donde quedar que este?- se rió con burla- me tenéis en vilo..

-Vete a la mierda, «amigo»- le contesté molesto, conocedor del tono burlón de sus palabras- conoces perfectamente cómo está todo. La muy terca no me escucha, y solo tengo ganas de  darle unos buenos azotes para que me suplique…

-Deja, deja, que ya me imagino lo quieres que te suplique- dijo arqueando las cejas – pero bueno quién sabe, tal vez te lleves una sorpresa, no sé, esta misma noche – en ese instante señaló con la cabeza hacia la entrada, me giré y me quedé helado cuando Henar hizo su aparición vestida con un gabardina negra, taconazos y una peluca rubia, que me obligó a pestañear varias veces, porque me hizo dudar de que fuese ella la que se acercaba. Estaba tremendamente sexy, bestial, vestida para ser sometida a mi placer y concederle el suyo. Era la perfecta fiera sexual que me estaba comiendo con los ojos en ese instante. pero también me percaté de que no solo yo me la comía. Había un montón de pirados locos por comerse a mi mujer y eso no estaba dispuesto a consentirlo. ¿Ella sola allí? ¿Qué pretendía la muy insensata?

Me acerqué a ella como el Amo que era, su Amo. Mi  cuerpo reaccionó por sí solo y como si tuviese el mapa de su cuerpo marcado a fuego en el mío, me dirigí hacia ella como un imán, la tomé en mis brazos y en vez de azotarla hasta que suplicase por mi cuerpo, la besé como si fuese lo único que no hubiese hecho con ella. La besé con maldad y posesión, marcando mi territorio, porque no iba a permitir que ninguno de los idiotas que estaban allí disfrutando de las vistas de MI Señora, se acercase a ella. Sentí que ella se entregaba a mí, como siempre, pero recobré por un segundo la cordura que me quedaba, la aparté y la zarandeé.

– ¿Se puede saber que cojones buscas aquí tu sola?

Casi pierdo el control cuando se soltó de mi agarre y la vi mirar a las puertas de los salones privados y huir hacia allí.

MANOS ATADAS

Se me paró el corazón cuando desapareció tras ellas y al cabo de un rato comprobé cómo abría las cortinas de una de las estancias. ¡Ah no, eso sí que no! ¡No iba a permitir que ella compartiese eso, ni hablar!

Loca  descerebrada. Si pretendía hacerme daño, lo estaba logrando, pero ¡No! Eso lo iba a parar inmediatamente.

Entré hecho un basilisco con toda la intención de ponerle los puntos sobre las íes a mi chica, y sacarla de este sitio para esconderla en mi casa y no permitir que hiciese tonterías como esta nunca más. Pero al entrar por la puerta y verla en acción, bajándose las braguitas de tal forma, que mi pene reaccionó de manera inmediata. No pude evitarlo, me acerqué a la cama, busqué fuerzas de donde pude, y antes de proponerla el orgasmo más increíble que hubiese tenido en su vida, me iba a escuchar. Pero ya no era yo, en ese instante, era un Amo enamorado y solo quería oirla gemir al son de mis caricias.

-¿Has perdido el juicio?- grité intentando esconder la lujuria desmedida que ese pedazo de mujer había despertado en mí, con un solo movimiento- No sabes lo que haces.

-Hago lo que quiero con mi cuerpo y te lo voy a demostrar- ¿su cuerpo?, ¿su cuerpo? ¡cuerpo era mío!

-Ni lo sueñes- me apoyé al borde de la cama y le quité el vibrador que solo iba a usar conmigo- nadie va a ver lo que es mío, ¡no lo voy a permitir!

-¡Ah, si! ¿pero soy tuya?, ¡Ja! permíteme que lo dude. No soy tuya ni de nadie.

Se puso de rodillas en la cama a mi altura, y en ese instante la hubiese besado de nuevo con furia y follado hasta el puto amanecer, pero debía de controlar la situación y darle lo que buscaba y lo que yo anhelaba, pero solos sin público, eso nunca lo haría con ella.

-¿Qué pretendes demostrar con esto, pedazo de chiflada?.

-Que soy más valiente de lo que todos os pensáis y que puedo hacer esto- los nudillos blancos tenía de apretar los puños. Nos quedamos frente a frente, retándonos e hice precisamente lo que ella quería que hiciese realmente. Iba a poseerla como nunca nadie lo hubiese hecho, le iba a demostrar que ella era mi mitad, que ella y yo éramos uno.

– Si lo que quieres es demostrarme que puedes hacerlo- acaricié su mejilla con total devoción, porque eso era lo que estaba provocando en mí en ese momento- hazlo, pero yo te guiaré, y no permitiré que nadie lo vea.

No me rechazó, pero se dirigió hacia la silla donde estaba su gabardina, y se me cayó el alma al suelo, pensaba que se iba, pero no, lo hizo para coger el pañuelo azul del bolso y ofrecérmelo. Ella se estaba ofreciendo a mí y yo me estaba rindiendo a sus pies, pero eso ella no lo sabía. Até sus muñecas, rocé mi nariz con su mejilla y absorbí su olor. Ese que me trastornó la primera vez que la vi, ese que no podía olvidar, el que me daba alas para vivir. ¡Joder estaba perdidamente enamorado de este mujer!

– Ven, hoy vas a aprender otra lección, y después de esto te prometo que todo cambiará.

La tomé de las manos y la llevé a la silla de castigo. En realidad iba a aprender dos lecciones pero ella no lo sabía, la primera que nunca más se iba a ofrecer a otro que no fuera yo, la iba a azotar hasta que su precioso culo clamase por mi consuelo, y me iba a entregar a ella. le iba a dar todo de mi. Y eso ella tampoco lo sabía, porque aunque yo era suyo desde el día que la vi en aquel escaparate.

La puse de rodillas y de espaldas a mi, la até a los amarres de la silla y la prohíbí me mirase, porque iba a coger una de mis palas favoritas para azotar sus nalgas, pero solo hasta el punto de dolor que ella pudiese soportar y que la excitase de tal forma que después, con tan solo un toque, se corriese de una forma tan desmedida, que su cuerpo clamaría por el mío cada vez que se tocase en su dolorido trasero.

 Me quité la americana, subí las mangas de mi camisa y con la pala en la mano, la agarré de uno de sus hombros y musité en su oído.

-¿Estas segura de que quieres esto?- iba a provocar su entrega, iba a poseer su alma como ella, aunque no lo supiese, había poseído la mía.

Ella asintió y sentí un orgasmo en mi interior que nada tenía que ver con expulsar semen, era  algo inmaterial, era correrse en la mente, me sentía pleno, poderoso, y quería transmitir ese poder en ella.  Por lo que sin más dilación, acerqué la pala a su glorioso culo y lancé un golpe seco que me puso duro, tan duro que solo deseaba acabar con ese tormento que en un principio era para ella, pero que se tornó en suplicio para mí al oír sus gemidos, al notar cómo su flujo vaginal se desbordaba en su sexo. Apoyé mi cabeza en su espalda baja y sonreí al notar que ella contenía la respiración. Estaba inmensa, era mi Diosa, la estaba poseyendo desde dentro y eso me daba más confianza para provocarla, quería ver como su placer se reflejaba en su cuerpo, quería ver su orgasmo palpitar en su clítoris, la estaba desesperando con mis golpes cerca de sus sexo. Sus pezones brillaban clamando mi atención. pero instintivamente llevé mis dedos a su centro de placer y me di el gusto de masajearla suavemente, llevándola al límite y dejándola a medias una y otra vez. Hasta que vi su dulce ano prohibido provocándome y resbalé uno de mis dedos hasta allí y entonces mi pene se puso tan duro, que no pude aguantarlo y cambié mi dedo por el plug anal. Después me puse delante de ella,  para enseñarle cómo mi miembro lloraba ya impunemente.

-¿Ves lo que provocas en mí?, tú tienes el poder, nena.

Definitivamente, ver cómo Henar ya era una muñeca en mis manos, me impulsó de nuevo a donde estaba su placer, y con el plug provocando su culo, entré en su vagina de un empellón y casi me corrí al ver el orgasmo recorriendo a mi chica todo su cuerpo. Gemía como una loca desbordada por el placer, pero yo quise darle más y demostrarle que aquí la que tenía el control era ella. quería darle toda mi confianza, todo de mí. No me hizo falta mucho más, porque con un par de envites más, me corrí como un pobre adolescente dentro de ella, con el mayor placer que jamás había experimentado en una entrega, y sabiendo que ella, por fin era mía. Y yo, yo no era más que un pobre imbécil que estaba entregando su alma a la mujer de su vida, a esta Sumisa con alma de Ama que se había apoderado de Su Señor.

Lo que no imaginé es que ella tenía otro final planificado para esta gloriosa noche…

¿Os ha gustado? ¿Queréis saber más?????

Os espero en el grupo con vuestras opiniones…

Por ellas…..

Por ellas…..

Mis churris son especiales para mi. Ellas son las culpables de que empezara todo esto, y la que esté libre de pecado, que tire la primera piedra….(no véis,  ninguna responde….cobardes…jajajajaja).

Podría decir que todo se inició en una fiestuki rodeadas de alcohol, hombres y sexo, pero no. La culpa fue de whattsapp, ¡para que luego digan que las redes sociales son una mala influencia! Bueno vale, depende de cómo se mire. Para mi fue….mi punto de partidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…..como la canción de la Jurado.

AMIGAS LOCAS

La mayoría de nuestras conversaciones suelen versar sobre hombres. ¡Sí el hombre, ese gran desconocido! (lo siento por mis churris masculinos, pero es lo que toca, jajajajajaja). Algunas son subidas de tono…ya sabéis «¡Pero que bueno que esta éste actor! Le echaría un palo al…agua», y bueno, esas cosas inocentes que sabes que nunca se cumplirán (emoticono con la cara llorando a chorros). Otras bordean el drama laboral, en dos puntos diametralmente opuestos:

1º No tengo trabajo (mis niñas ojalá lo tengáis pronto, he puesto dos velitas a la Virgen de Coromoto para que ayude…)

2º Odio mi trabajo (en este subgrupo me incluyo por egoísta, y lo hago amargamente porque es verdad. No hay nada más detestable que trabajar en un curro de mierda, donde te explotan y no eres una persona, si no un número, y a cuyo jefe le deseas que le salga una almorrana del tamaño de un campo de fútbol, pero claro, de algo hay que comer, y como que la dieta forzada no es una opción).

Después esta la siempre tangible, a veces dramática, romántica y cómica vida personal de cada una de nosotras. Que, de veras churris, ¡Me lo estáis poniendo tan fácil para hacer una saga con cada una de vosotras, que el motivo por el que no lo hago, además de por respeto a la amistad, es porque seguro que me ofreceríais en sacrificio a algún Dios maya de la Muerte ( véase Yum Kimil, muy majo él, le encantaban las cabezas ajenas…)

Y por último y no menos importante, la literatura romántica. ¡Oh! Gracias a Santa Megan Maxwell, Santa Isabel Acuña, Santa Elisabet Benavent, Santa Lena Valenti, Santa Sylvia Day, Santa Olivia Ardey, Santa Pilar Cabero, Santa Ángeles Ibirika (uyyyy qué Almodovariano suena ésto, jijijijijiji) y a todas esas profesionales de la pluma con una imaginación descomunal, que  me llevaron a conoceros a muchas de vosotras y como no, a quereros, porque, aunque no me creáis, os quiero. Es un amor un tanto peculiar, porque adoro todas vuestras locuras, problemas (que sí, que aunque parezca que no leo los whatts, los leo…..leo y releo, pero como  dando consejos, soy el azote de Dios, mejor me callo), también por vuestras risas y bromas, y como no ¡VUESTRAS SUGERENCIAS!  Menos mal que a veces hasta os hago caso…..¡Punto para la señorita! Siiiiiiiii………..las escucho. De veras que sois lo mejor que me ha pasado en la vida (Diosito que no lea esto Mr. Blake que se me pone celoso…)

Desde el minuto cero en el que me animasteis a meterme en esta aventura, sólo he tenido buenas palabras de vuestra parte (lo sé, soy una perra egoísta que se pasa el día martirizando vuestra apacible vida con consultas literarias, ¡flageladme, por favor!!!!!!

Lo vuestro siempre son mensajes de apoyo, de críticas constructivas para que mejore y me ayudan de verdad. Pero, y digo yo, ¿qué he hecho yo para merecer unas churris como vosotras a mi lado? Pues os voy a proponer varias opciones:

OPCIÓN A

Fui la Virgen María en otra vida y como sufrí tanto, ya me tocaba mejorar con las amistades.

OPCIÓN B

Fui Judas en otra vida y por traidor ahora me toca soportar a una panda de tías cachondas mentales que me facilitan maléficas ideas para poder escribir ( opción descartada por defecto, ante la posibilidad del bien nombrado sacrificio humano)

OPCIÓN C

Fui Dios, y como el buen señor dejó el libre albedrío, yo os escojo a voostras, ¡Porque yo lo valgo!

MANOS

Por eso,  os dedico ésta primera entrada de la nueva sección a vosotras. Las artífices de  haber despertado una pasión, las protectoras de mis miedos literarios, las que cada día me hacen sentir mejor persona ( porque soy malaaaaa….y no lo sabéis….ya lo averiguaréis,  ya….y no digáis que no avisé…..jajajajajajajaja) y porque……es fácil quereros ¡la hostia! ¡Pero mira que me  dais la lata! ¡Que no habléis tanto por el whattsapp coño, que Mr. Blake se va a pensar que me he echado un nuevo amante y a Gandy lo dejé hace tiempo por ser demasiado guapo!

No me queda otra cosa más que decir que……estoy muy orgullosa de todas vosotras y que sin vosotras no sería Iria,

Gracias……

LSQHEM 7 Y 8

LSQHEM 7 Y 8

¡¡¡Buenos días a todas mis churris!!!!! ya es viernes y cómo no ya tenéis la esperada continuación de la historia de Declan y Henar…¿ os atrevéis a seguir leyendo…..????
La Sumisa Que Hay en Mí
Un relato de Iria Blake
Todos Los Derechos Reservados
Capítulos  7 y 8
Me giré y quedé  frente a Declan. Noté un cambio en su forma de mirarme, del ansia inicial, había pasado a una extraña ternura, me observaba con la cabeza ladeada, con ojos risueños y tal vez, un halo de esperanza. Sonrió de lado, levantó su mano y me acarició sutilmente la mejilla. Se acercó de nuevo a mí y me susurró al oído:
-Nena, dame una nueva oportunidad . Déjame explicarte como soy,- el tacto de sus labios en el lóbulo de mi oreja sacó de mi interior un suspiro,- permíteme enseñarte lo que me gusta, yo sé que a ti también te gustará, pero lo haremos despacio, paso a paso. Prometo responder a todas tus dudas y eliminar tus miedos.
– Declan por favor, dame tiempo y espacio, cuando estás  tan cerca de mí no puedo pensar y necesito hacerlo, – dije casi sollozando,- si me tocas así no voy a ser capaz de pensar en todo esto. Dices que quieres ir despacio, pero ahora mismo estás pegado a mi cuerpo y no puedo respirar, y si quieres que te ceda una parte de mi control, necesito que te alejes.
No replicó, sin más se separó. Al hacerlo volvió aquel frío glacial entre los dos, y cuando pensaba que se iba a ir otra vez sin decir adiós, derrotado,  como sucedió en la cabaña, tomó mi mano, entrelazó nuestros dedos y me regaló una sonrisa que excitó hasta mi alma.
– De acuerdo, entonces empecemos por donde te dije,- clavó sus ojos en los míos mientras jugueteaba con mi mano,- acércate al club, yo te veré allí. Quiero que lo hagas tú sola, sin sentirte presionada porque yo esté cerca. Si realmente estás segura de hacerlo, entrarás; sino, no entres, me darías esperanzas.- lo dijo con delicadeza, con cariño, por primera vez sentí que no me ordenaba, me daba la ocasión de escoger entre ir o no, pero también se planteaba la posibilidad de dar una oportunidad a lo nuestro.
Soltó mi mano, me guiñó un ojo, dio media vuelta y se metió de nuevo en el hotel. Yo entré en mi coche, agarré el volante con las dos manos y apoyé mi frente en él. Me quedé meditando lo que me había dicho, lo que había pasado entre los dos, y de repente, me vino a la cabeza una frase que mi querida amiga Charo, asidua lectora de novelas románticas, solía usar, “donde hubo fuego, cenizas quedan….”, sabia amiga pensé. Cogí del bolso la tarjeta que Declan me había dado en el hotel para comprobar de nuevo la dirección, y arranqué el coche en dirección al club.
LÁTIGO
 Definitivamente estaba ubicado en una zona apartada. Se distinguía de entre las demás naves del polígono, pero la sobriedad del luminoso lo haría pasar por cualquier pub o discoteca. Aparqué el coche a unos veinte metros, cogí mi bolso y me acerqué andando. Me cercioré que en el rótulo ponía lo mismo que en la tarjeta “Darkness”, paré en la entrada, miré a mi alrededor, inspiré y accedí al local. Me recibió un hombre que posiblemente cumplía la función de guarda de seguridad porque tenía un físico imponente, seguramente debido a horas y horas de fitness. Me pidió mi nombre amablemente, lo comprobó en su iPad y me permitió entrar. Una vez dentro, observé todo con detenimiento. Busqué a Declan entre las pocas personas que había, pero tal y como me dijo no estaba. Así que me dediqué a investigar el local. Si la sobriedad exterior no permitía adivinar en la clase de sitio en el que estaba, la elegancia interior tampoco dejaba traslucir nada. Una pista de baile casi vacía te recibía en la entrada con jazz sonando de fondo, las paredes pintadas en estuco azul, lo que me hizo recordar la habitación de la cabaña de Declan, luces tenues provenientes de unas enormes lámparas venecianas y al fondo una barra en forma U con tres camareros vestidos de riguroso negro, nada más, o al menos nada más que mi vista alcanzase descubrir. Fui a la barra y pregunté donde estaba el baño, y cuando me dirigí al pasillo donde estaban los aseos, localicé lo que de inicio iba buscando y que no estaba al alcance de mis ojos, el mismo pasillo que te llevaba a los baños tenía una puerta al fondo de doble hoja donde ponía “PRIVADO, SÓLO SOCIOS”, ahí estaba la respuesta a todas mis preguntas, entrar y averiguar lo que quería saber de la vida de Declan estaba detrás de esa puerta, y ahora venía la más importante, que yo tuviese o no la mente lo suficientemente abierta para saber procesar todo lo que iba a ver, entenderlo y quien sabe si tal vez… practicarlo. Ya no se trataba tanto de salvar mi relación con Declan como de saber si yo sería capaz de dar ese paso.
Me encaminé hacia las puertas, contuve el aliento, y las abrí despacio. El suave sonido del jazz se cambió por la música de Muse, como si adivinasen las palabras que Declan me había dicho antes, Undisclosed Desires me hablaba de lo que él quería de mi.
Please me Show me how it’s done Tease me You are the one I want to reconcile the violence in your heart I want to recognise your beauty’s not just a mask I want to exorcise the demons from your past I want to satisfy the undisclosed desires in your heart
Cálmate Voy a hacerte sentir pura Confía en mí puedes estar segura Quiero reconciliar la violencia en tu corazón Quiero reconocer tu belleza no es sólo una máscara Quiero para exorcizar los demonios de tu pasado Quiero satisfacer los deseos no revelados en tu corazón
Avancé despacio por la estancia, donde me esperaba una  vestíbulo  circular y con puertas azules alrededor, (azul, otra vez azul), al lado de cada puerta había sillas en forjado de estilo vintage tapizadas en beige y otra lámpara colgaba justo en el centro del hall, nada más, ni fotos ni nada. Hombre y mujeres circulaban por esa área interpretando diferentes escenas. Amos, sumisas o al revés. Olía a cuero y a vinilo, a sexo, y tal vez…en algún sitio, a amor. Me movía con sigilo, con miedo, pero a la vez expectante, una camarera vestida únicamente con un tanga de cuero y con un collar de sumisa del que colgaba una cadena, me ofreció una copa, y al ir a cogerla, lo ví. Parpadeé dos veces dudando si era él o no. No sé cuando había llegado, pero estaba ahí. Se había cambiado de ropa, ya no estaba en traje, parecía un príncipe salido de un cuento renacentista, llevaba una camisola color crema que tenía cuello con una tira ajustable, una levita desabrochada de terciopelo verde, medias del mismo color que la camisa y botas de cuero marrón. Estuve a punto de hiperventilar al verlo. El muy miserable se podía codear en ese momento con cualquier maldito actor de cine. Sus ojos celeste clavados en mí, despeinado, con la barba ya naciente, y esa forma de caminar, ¡válgame el cielo! Estaba a punto de echarme a sus pies y rendirme a sus demandas. El muy patán me sonreía, esa sonrisa de medio lado, sabedor de que había ganado una batalla, el caballero de brillante armadura había ganado terreno. Se acercó a mi con cautela, pero con seguridad, esa seguridad que da ser consciente de tus armas.
– Hola, nena. Sabía que vendrías,- se inclinó, agarró mis manos y besó mi mejilla con una potente sensualidad.
– Hola Declan,- puedo jurar que mi corazón se me había salido del pecho, porque podía sentir mis latidos en todo mi cuerpo. Él ejercía un poder sobre mí que me desbarataba y era ese control perdido el que a él lo excitaba. Ahora lo estaba entendiendo.
– ¿Lo sientes, mi amor?,- susurró cerca de mi boca,- esto que me das es sólo el principio de lo que quiero y necesito,- se apartó un poco, me sujetó la mano con firmeza, y de nuevo posesión, e hizo de guía.
Me llevó por las habitaciones vacías dónde sólo había camas con baños al lado, con decoración simple pero a la vez elegante, me llevó por los salones comunes donde había exhibiciones públicas de escenas de BDSM. Ante eso yo me espanté y agaché la cabeza, lo amaba, pero jamás haría ese tipo de manifestaciones públicas de nuestra intimidad, lo que me llevó a pensar si tal vez él, lo habría hecho en alguna ocasión. Parece que me leyó el pensamiento porque enseguida me miró y respondió a la pregunta no realizada.
– Esto jamás lo haría contigo, nena, recuerda, “sólo tú”. Eres mía y jamás enseñaría a nadie lo que es mío,- se paró frente a mí, me agarró la barbilla y me hizo levantar la cabeza,- y si tu pregunta es si he hecho alguna vez algo de lo que estás viendo, mi respuesta es sí,- tomé aire para soportar lo que sabía que venía a continuación,- he practicado el sexo de muchas formas diferentes, el convencional, el SM, una mezcla de ambos, en grupo, individual, pero siempre con normas,- iba a decir algo, pero me puso el dedo índice sobre mis labios para callarme,- y eso, pequeña, es lo que tú vas a aprender y conocer, pero sólo conmigo. Te preguntarás si nuestra relación dependerá de si te gusta o no, pero estoy tan seguro de que vas a aceptarlo que te voy a contestar que sí, que nuestra relación depende mucho de esto. Sé que ahora mismo te preguntas algo que debí decirte cuando nos conocimos, pero tranquila, yo no quiero una sumisa las 24 horas del día, quiero que cuando salgas de nuestra cama seas la que tú eres, con tu carácter, con tu maravilloso sentido del humor, con tu pasión a la hora de trabajar.  Pero una vez que estemos en nuestra intimidad, quiero que seas mía en cuerpo y alma, que me cedas el control total sobre ti, y te prometo, que te daré de mí lo mismo que tú, mi cuerpo y mi alma. Yo te amo Henar, pero quiero más, lo quiero todo de ti.
La expresión de mi cara reflejaba una mezcla de pánico y excitación inexplicables, sin preguntar todavía nada, me había respondido a casi todas mis dudas, lo que no había hecho cuando nos conocimos y que al final provocó ese daño. Pero yo tenía una gran duda que debía resolver si quería llegar a ese punto en nuestra relación, y lo más importante, que nos condujera al éxito de la misma.
– ¿Y qué necesitamos para que yo pueda ofrecerte eso que me pides, Declan?,- esa era mi mayor duda, mi mayor miedo.
– Muy simple, nena, lo más importante, confianza,- y lo dijo con la firmeza y la seguridad de lo que me estaba ofreciendo, quería más de mí, pero confiar el uno en el otro era la base de todo esto,- tienes que saber que yo nunca te voy a hacer daño, que sólo busco darte placer, que todo, absolutamente todo lo que pase entre nosotros será consentido por ambos y que siempre que haya un límite que no puedas sobrepasar, debes hacérmelo saber.
-¿Cómo?,- le dije con el tono de preocupación que denota el desconocimiento.
– Con la palabra de seguridad,- contestó,- esa palabra es muy importante, porque con ella pararemos sea lo que sea que estemos haciendo. Pero no la debes usar con ligereza, sólo cuando veas que es totalmente necesario, porque sientas que lo que sucede no te gusta, no porque estés tan desesperada por correrte que no seas capaz de controlarlo,- eso lo dijo levantando la ceja y en clara referencia a lo que sucedió en la cabaña.
– ¿Y qué palabra será esa?
– Una que sepas que no vas a usar cada vez que tengamos relaciones, así que no digas una que al final puede significar lo contrario,- y sonrió poniendo morritos y con suficiencia pícara.
Me puse a dar vueltas a la cabeza buscando la palabra perfecta que representase lo que él decía, pero a la vez me surgió otra duda.
– ¿Y qué pasará si la digo? ¿Volverás a huir?,- pregunté devolviendo el tono de reproche, por lo que sucedió en la cabaña.
– Esta vez no será así, nena.- volvió a su tono serio y autoritario, aparentando frialdad, pero con signos de agobio,- y no lo será, porque ésta vez estarás aprendiendo y yo estaré a tu lado enseñándote, y garantizándote mi total confianza, como tú harás conmigo,- se quedó pensativo un momento, se tocó la cabeza, miró hacia arriba y resopló, intentado recobrar la calma que hasta ahora había le había caracterizado,- piensa en tu palabra de seguridad y me la dices.
– Terciopelo (velvet),- dije en voz baja y con timidez
– ¿Cómo dices?,- me miró levantando una ceja.
– La…la…la palabra de seguridad,- empecé a tartamudear exaltadamente.- terciopelo,- me miró extraño y yo le respondí a su pregunta no realizada,- me recuerda a ti, a las paredes de la habitación de la cabaña.
– Pero no lo tienes que ver como algo negativo, Henar,-
– No es algo negativo, Declan.- mi mirada risueña suavizó la suya,- quieres que entienda tu mundo, que aprenda de él, y yo quiero ver todo lo que pasó como algo positivo, quiero que esa palabra represente algo bueno para los dos. No quiero que nos separe.
Me puso esa sonrisa de compresión que me desnudó el alma, me agarró de nuevo de la mano y me guió por otro pasillo de paredes claras y suelo de moqueta roja con velas que lo iluminaba, al fondo había tres puertas blancas. Se paró, me miró con una mirada de apetito sexual descarnado que despertó el mío. ¡Qué poder tenía sobre mí! Se giró, miró las puertas, y sin soltarme, me devolvió la mirada.
– Esas son las mazmorras,- mi mirada de espanto le provocó una sonrisa socarrona y con ella el aire volvió a mis pulmones,- pero tranquila, tú aquí no entrarás hasta que estés preparada. Por el momento,- y entonces señaló el hall principal,- tendremos un poco de sexo convencional, porque me muero por estar dentro de ti desde el día en que te dejé en las puertas del hotel.
Volvimos sobre nuestros pasos y llegamos al hall principal, nos acercamos a una de las puertas azules, Declan la abrió y me cedió el paso como el caballero que representaba con su vestimenta.
– Este será nuestro cuarto,- lo señaló abriendo uno de los brazos,- aquí te enseñaré parte de las fantasías que quedaron pospuestas en Escocia.
Paredes claras, una cama king size con dosel, cajones en lo laterales, y nada más, sin cruces, ni potros, ni tronos, nada.
– Esto es sólo para empezar,- y entonces señaló la cama,- ahora quiero que te acerques a la cama y te desnudes, hoy quiero hacerte el amor hasta que tu olor quede impregnado en mi cuerpo,- de nuevo sonrió, ¡oh esa sonrisa mata gigantes!- hazlo poco a poco.
Declan cogió la silla que estaba fuera y se sentó. Empecé a desnudarme lenta y temblorosamente, mientras Decían me observaba con devoción, pero mi streap tease de principiante parecía estar surtiendo efecto, porque puso su mano en su visible erección y empezó a frotarse.
– Si, nena, si,- alargó su otro brazo y con la mano me indicó que me acercase,- ven aquí mi princesa, deja que saboree tu néctar.
CAMA
Me coloqué frente a él, pero no lo suficientemente cerca, porque tomó mi mano y me precipitó sobre él lo justo para dejar su boca a la altura de mi monte de Venus. Se relamió como quien espera la llegada de un dulce caramelo, sacó su lengua y empezó a lamer el nacimiento de mis pliegues, con suavidad. Movió su lengua lo justo para alcanzar mi clítoris y endurecerlo con leves toquecitos que me arrancaron un sutil e inocente gemido de placer. Eso le enardeció, porque me agarró con las dos manos de las nalgas y me pegó más a él hasta que casi no podía mantener el equilibrio. Succionó con sus labios mi protuberancia y con sus manos fue subiendo hasta alcanzar mis pechos y sin recelo, apretó mis pezones con ansia y los endureció. Miró hacia arriba y sonrió con suficiencia, pero ésta vez, a diferencia de antes, no paró, al contrario, siguió atacándome con su prodigiosa lengua hasta que me arrancó el orgasmo guardado los últimos seis meses. Un grito desgarrador salió de mí y el placer me transportó a otra realidad, sentía como me mareaba de gusto, y que, de no ser porque Declan me sujetaba firmemente, me hubiese ido al suelo sin control. ¡Eso era lo que él quería, mi control!
– Ahora ven aquí,- alargó su mano para tomar la mía y llevarme a la cama,- y túmbate.
Entonces le vi sacar el pañuelo de seda azul y me entró de nuevo el pánico, lo acercó a mí y me invitó a tocarlo.
– Tócalo, no te voy a atar con él, por ahora, nena, sólo tócalo y familiarízate con él.
Me lo dio en la mano y sentí la suave seda en mi piel. Mientras lo hacía Declan empezó a desnudarse y me miró.
– La próxima vez, me desnudarás tú.-
Se acabó de desvestir , se tumbó encima de mí y enredó la seda azul entre los dos. De una sola estocada me penetró y cabalgó con furia. Una, dos, tres veces, éramos sólo uno y yo gozaba sin pudor, y lo mejor de todo, sin miedo. Había echado de menos su cuerpo encima del mío, la mezcla de su aroma almizclado con su perfume, su forma de moverse dentro de mí, con violentas penetraciones iniciales, y dulces acometidas cuando se encontraba al borde del éxtasis. Un impetuoso movimiento de sus caderas me condujo a un profundo y devastador orgasmo, y entonces, todos mis miedos se evaporaron, miré al techo, y cuando, en un arrebato de lujuria, grité poseída por el placer que Declan me estaba regalando, reparé en una lágrima que caía por mi mejilla y que él lamió con dulzura.
– Así mi amor, así, y esto es sólo el principio,- un gemido salió de su garganta y siguió en su embate,
– ¿recuerdas la palabra de seguridad?.- le miré con cara extrañada y mis gemidos cesaron,- ¿ recuerdas la palabra de seguridad?,- repitió con vehemencia.
 
Yo estaba absorta en mí, cuando con su mano sujetó mi barbilla y me obligó a que le mirase a los ojos
 
– ¿Recuerdas la palabra de seguridad?- repitió bruscamente y yo le miré confundida, ¿ Por qué me hacía ahora esa pregunta? ¿Es que no iba a acabar?
 
– ¡¡¡¡¡Si!!!!.- grité,- ¡¡la recuerdo!!
 
– ¡¡Pues dila!!!- su orden me dejó totalmente desconcertada, pero entonces caí en la cuenta de algo y dí con  la respuesta.
 
¡NO!- respondí con toda la fuerza que pude. Declan me miró, paró sus embestidas, tomó mi barbilla y acercó sus labios a los míos.
 
– ¿Y por qué no, nena?- susurró en mi boca.
– Porque pararías, y no quiero que pares, señor,- musité, y puso su sonrisa de medio lado, los azules le brillaban de satisfacción, estaba encantado.
– Primera lección aprendida, señorita,- y retomó sus embates hasta que llegamos al orgasmo juntos, enlazados por la seda y por la pasión.
Sí,  primera lección aprendida, pero ahora nos queda el resto……
¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Lo queréis saber? Os espero……..
LSQHEM 5 Y 6

LSQHEM 5 Y 6

Hola churris ya estamos de nuevo aquí con otro capítulos más de la historia de Henar  y Declan, espero que lo disfrutéis y buen fin de semana…..!!!!!!!!!!!!!!

La Sumisa que hay en Mi

Una historia de Iria BLake

Todos los derechos Reservados

Capítulos 5 y 6

   Agaché  mi cabeza y encontré su apolínea silueta reflejada a través de la ventanilla del cristal, y sin pedir permiso a mi corazón, me evocó recuerdos al día que nos conocimos…

Edimburgo, casi 8 meses antes.

Acababa de llegar a la ciudad para contactar con posibles clientes para la Feria Internacional de Turismo y no tenía ninguna reunión hasta el día siguiente. Así que me puse el disfraz de turista, me colgué la cámara de fotos y me dispuse a recorrer ésta mágica ciudad.

Salí de mi hotel en la calle Princess St. y subí andando hasta la Royal Mile para buscar regalos típicos de Escocia que había en los cientos de tiendas que allí se encontraban. Estaba parada frente al escaparate buscando prendas del típico cashmere escocés, cuando de repente, aprecié la silueta de un desconocido a mis espaldas, reflejada en la vidriera.

– No lo compres aquí- me sobresaltó cuando me habló y miré hacia su reflejo – no es cashmere auténtico. Si buscas algo bueno, yo te lo puedo enseñar.

Esas palabras y su forma de decirlas me provocaron un incomprensible estremecimiento de placer. Me giré para responderle, pero al hacerlo, me percaté de que nuestra distancia era menor de la que pensaba, porque me choqué con su torso. Miré hacia arriba y me encontré con unos voraces ojos azules que observaban mi boca. Precioso pelo moreno corto por delante, con unos mechones más largos por detrás que daban ganas de meter los dedos y perderse en él. Unos hombros cuadrados y fibrosos que tentaban sujetarse a ellos y no soltarse. Vestía un traje azul marino de piloto de aerolíneas comerciales que le quedaba como un guante.

Me quedé boquiabierta y no supe reaccionar. Estaba a unos centímetros de su cuerpo y no era capaz no sólo de articular palabra, sino tampoco de decir una coherente que no me hiciese parecer una completa idiota. Se apartó de mi lo justo para estirar su mano izquierda para coger la mía, llevársela a sus libidinosos labios y besarme en los nudillos. En ese preciso instante, se produjo una galvánica descarga de mi mano a mi entrepierna que me dejó totalmente vulnerable a su hechizo. Emergió de mi interior una Henar que no conocía y que me inquietó. No podía entender la extraña reacción que aquel extraño me hacía sentir, pero, aquí, ahora, solo quería que me tomase entre sus brazos y me hiciese el amor hasta desfallecer. Sí, era algo inquietante.

 besos nuevos

– Me llamo Declan Craig- dijo sacándome de mis pensamientos.- Y disculpa mi torpeza si te asusté, pero te ví tan ensimismada, a la vez que fascinante, mirando ese plaid de falso cashmere que no pude tratar de evitar que te estafaran – mientras se explicaba, en ningún momento soltó mi mano, pero lo más fuerte es que yo tampoco traté de apartarla.- Si quieres, siempre bajo tu consentimiento, por supuesto,- levantó levemente las cejas- te puedo indicar una pequeña tienda artesanal en el barrio donde yo vivo, en Grassmarket, donde te pueden vender piezas únicas realizadas a mano, en auténtico cashmere y a buen precio.

– Gracias- contesté cuando por fin fui capaz de hacer que la sangre llegara a mi cerebro, lo que suscitó que instintivamente me soltara de su agarre y él devolvió una mirada burlesca- pero solo estaba mirando, y la verdad, es que no sé si  lo iba a comprar. Sería para una amiga – perdón , ¿yo dando explicaciones a un desconocido? ¿ qué me pasaba con éste hombre?- y solo lo estoy pensando, así que de veras gracias, pero no es necesario- añadí con un poco de brusquedad para poner distancia a la íntima atmósfera que se había formado entre los dos.

 

– Para mi no supone ninguna molestia,- se agachó y redujo de nuevo la distancia mirándome fijamente a los ojos- además, yo ya me he presentado y soy de fiar- añadió con ironía, intentando aplacar la desconfianza que yo bien manifestaba en mi cara- y si tú  me devuelves el detalle de decirme cómo te llamas, estaremos en paz y además te invitaré a tomar el mejor café de todo Edimburgo y estoy seguro, que al final del día, me agradecerás las dos cosas, el café y evitar que te hayan estafado.

Mi respuesta a su coqueteo fue una carcajada nerviosa que sonó más alta de lo que pretendía, ya que la gente que pasaba a nuestro lado se quedó mirando, pero una especie de burbuja se instaló a nuestro alrededor y era como si sólo estuviésemos él y yo, por lo que todo lo demás, dejó de importarme.

– Perdona mi mala educación, Declan- le dije hipnotizada por sus ojos azules.

– ¡Ah, perfecto! – me cortó con un divertido tono de voz y miró su reloj – he conseguido que me tutees en diez minutos, así que lo del café lo doy por hecho-,   me lanzó una sonrisa que me derritió el cerebro- y creo que además puedes confiar en mi, mira – me dijo señalando la chapa metálica que tenía en la solapa de la chaqueta donde estaba escrito su nombre y el de la aerolínea para la que trabajaba- soy de confianza, si te engaño, sabes donde buscarme.

– A lo mejor es falsa, capitán- respondí con sorna.

– Mi trabajo me lo tomo muy en serio- contestó molesto por mi broma, pero al comprobar mi rostro avergonzado, añadió en tono burlón, – y tú sigues sin decirme cómo te llamas, así que a lo mejor soy yo el que debo desconfiar de ti.

 

Reparé en el rubor que se empezaba a evidenciar en mis mejillas y me sentí como una niña pequeña siendo regañada por un adulto, así que cedí de nuevo a su encantadora desfachatez.

-Perdona, soy Henar Morán- estiré mi mano para estrecharla con la suya y Declan, de nuevo me la sujetó por los dedos y rozó mis nudillos con sus húmedos labios y yo volví a sentir esa turbación anterior que licuaba mis entrañas al sentir su tacto.

Mi atracción por ese hombre sobrepasaba con creces lo normal y mi deseo por él se instaló definitivamente en mi piel, pero en lo más profundo de mi ser, Declan me inspiraba algo más que no lograba describir y que me aproximaba a él como un imán.

 

-Encantado, Henar- susurró con sus labios todavía rozando mis nudillos,- entonces ahora sí, vamos a probar ese café-. Y me arrastró con él llevándome firmemente de la mano, en señal de total posesión.

– ¡Espera, Declan!- dije intentado frenarle y con desconcierto,- pero ¿y el plaid de cashmere?

– El cashemere puede esperar, yo no- dijo con seguridad y giró su cabeza guiñándome un ojo con picardía.

Unos ojos, que todavía sin saberlo, me llevarían por la calle de la amargura poco tiempo después.

 

Me llevó al café Hub, allí mismo en la Royal Mile y disfrutamos del café y de una deliciosa tarta que compartimos junto con una íntima conversación. Mostró su interés por mi vida, mi trabajo, mis relaciones, y cuando la charla estaba de lo más distendida y yo relajada, sacó al depredador que llevaba dentro.

– Mira Henar, te voy a ser claro- puso sus manos sobre la mesa y se inclinó hacia mí.- Desde que te vi en ese escaparate, solo tengo ganas de llevarte a mi casa y follarte hasta que te olvides de tu nombre,- creo que en ese instante abrí tanto la boca que mi mandíbula rozaba el suelo porque él suavizó su tono, pero no su intención.- solo si tu estas de acuerdo, claro; aunque creo que no me equivoco si digo que tu piensas lo mismo- ¡lo que me faltaba encima arrogante!, pero claro mi cuerpo ya no se atenía a razones y empezó a temblar de la excitación que me provocó con sus palabras, y lo que es peor, él sabía interpretar las respuestas de mi cuerpo y continuó,- así que, por favor, dí que sí, que vendrás a mi casa y haré contigo todo lo que tengo pensado en mi cabeza y tú me darás lo único que necesito.

– ¿Y qué necesitas?- respondí intrigada y a la vez alucinada por esa repentina curiosidad naciente en mí.

– A ti, nena- me contestó con una voz ronca y profunda que me erizó hasta el vello de la nuca,- ven y te mostraré lo que eres capaz de sentir.

Nunca antes me había pasado esto con ningún hombre. Pero el erotismo que emanaba de Declan avezaba el mío. Me manejaba a su antojo, y yo, a pesar de mi desconfianza, accedía a sus peticiones sin visos de protesta.

Apenas asentí con mi cabeza, se dirigió hacia mi, me levantó de la silla, cogió mi mano y de nuevo tiró de mi con ansiedad. Me condujo a Grassmarket,  donde vivía. Su apartamento se encontraba al final de la plaza, en un edificio de tres plantas de fachada blanca con una pequeña portezuela de madera negra por la que accedimos y subimos a la segunda planta, donde estaba su casa. Abrió la puerta, y antes de que me diese tiempo a deshacerme de mi abrigo, se abalanzó sobre mí, me empotró contra la pared y avasalló mi boca con deleite. Sin preámbulos, llevó sus manos al bajo de mi falda y me la subió hasta la cintura. Agarró la cinturilla de mis bragas y de un tirón las arrancó, puso sus dedos en mis húmedos pliegues sacándome un gemido que le desarmó, porque  emitió un ronco sonido de placer que hizo vibrar su pecho. Me observó con lujuria y retomó el ataque a mi boca. Metió su lengua y retozó con la mía en una danza descontrolada de lujuria, mientras sus dedos hacían magia en mi interior y en mi clítoris. En ese roce de cuerpos sentí como su pene palpitaba en mi vientre. Reaccioné y dirigí mi mano a la cremallera de su pantalón, se la bajé e introduje mi fría mano hasta su firme erección, acariciándola desde la base hasta el tronco, sin sentir vergüenza alguna. Ni me dio tiempo a pensar la locura que estaba cometiendo, porque Declan declaró la tregua a mis labios para acudir sin descanso a mi cuello y bajando al nacimiento de mis pechos, mientras yo seguía deleitándole con mis caricias en su miembro.

-Para nena.- dijo con suavidad- te deseo tanto, que si sigues así, acabaré antes de estar dentro de ti, y eso es lo que más deseo ahora en este mundo.

 

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Soltó los botones de mi camisa y me la quitó, y con sus dedos acarició la protuberancia de mis senos por encima de la tela de mi sujetador, hasta que bajó las copas, liberando mis pechos de su encierro. Con su boca atrapó un pezón y lo mordisqueaba y jugueteaba con él, mientras que con la mano amasaba el otro. Con la que tenía  libre,  se bajó los pantalones hasta las rodillas, buscó su cartera, localizó un preservativo y me lo dio.

– Quiero que me lo pongas tú, hazlo y me harás feliz.- su aparentemente simple petición traslucía una acción dominante que me enardeció de una forma inexplicable para mí.

Cogí el preservativo y se lo fui colocando. Lentamente observaba como sus celestes ojos se oscurecían y su boca emitía un sutil siseo de placer. Cuando acabé,  su mirada se oscureció todavía más y entonces me levantó en volandas, puso mis piernas alrededor de su cadera, tomó su pene y de una embestida brutal y desgarradora, penetró mi interior sacándome un alarido de placer que me provocó un inminente orgasmo.

– Así es nena, así te imaginaba y no me equivoqué.

Sus acometidas sin respiro, arrancaban sus gruñidos de gozo y sentí como palpitaba su pene dentro de mi en señal de su próxima rendición. Entonces paró, me miró a los ojos, musitó casi un inteligible “solo tú”, y reanudó sus embestidas, más duras y violentas esta vez,  que me llevaron a un demoledor segundo orgasmo y a él le llevó al suyo. Acabó dentro de mí, y cuando nuestra respiraciones desacompasadas se calmaron, salió, se quitó el preservativo y sin decir nada, me llevó a su habitación donde me folló hasta que, como él había dicho, olvidé mi nombre.

El ruido y las luces de un coche pasando cerca de nosotros, me devolvió al presente y con ello una aplastante realidad que no había percibido en aquel entonces, se cernió sobre mi. Siempre tuvo en control, desde el minuto que nos encontramos en aquel escaparate, siempre sacó su condición dominante, otra cuestión es que yo fuese consciente de ello….

 Pedisteis  saber cómo se conocieron, así que os lo he dado, gracias por estar ahi y espero que os esté gustando, la semana que viene, ¿Qué pasará en el club??????… Os espero!!!!!!!!