Despedida de Soltera

Despedida de Soltera


Faltan tan solo unos días para la publicación de mi nueva novela Guardando las Distancias, y como homenaje al amor y a la vida que compartimos en común con las personas de las que nos enamoramos, he querido realizar una crónica de una despedida de soltera en la que estuve recientemente pero contada desde una perspectiva personal. Un algo así como, todo lo que se cuenta en este relato puede ser realidad o ficción y solo las personas que lo vivieron saben la verdad…(que conste que tengo el beneplácito de las protagonistas para contarlo…). Así que, ahí va otra de mis historias enmarcada dentro de mis epopeyas…

Hacía años que no iba a una, y la verdad es que me sentía un poco nerviosa, porque, entre otras cosas, solo conocía a la novia y a un par de invitadas; y la verdad, me lo pasé genial (son grandes chicas, pero no os lo creáis mucho…jajajajajajajajaja).

Al principio, mi intención era solo contar la historia de lo que había sucedido aquel día; en cambio, algo sucedió al final de la tarde que transformó mi visión de aquella fiesta.  A eso de media noche, tuve una iluminación.

La víctima, o véase novia iba disfrazada de la loca de los gatos. Sí, esa misma que tenemos en nuestro imaginario y que bien puede ser una vecina, un familiar y, como sucede un poco en este caso (querida O, no te mosquees que es cierto, jajajajajajajajaja), la novia lo es. Pero solo desde la perspectiva de que la encantan los gatos y sí tiene, pero solo una.

¿El resto? Cómo no, de gatas, negras, por aquello de romper con la superstición, o no, simplemente por jugar a tentar la suerte, quién sabe.

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Antes de las risas y el alcohol éramos tan solo casi unas desconocidas que nos habíamos reunido en torno a una persona a la que apreciamos (bueno, vale, querida O, a lo mejor no tanto, porque eso de ir disfrazada de loca a lo mejor va un poco en tono de venganza…).  Una vez empezamos a tomar una copita de más y echarnos unas risas ante la victoria lograda en una Sala de escape (¡Síiiii, diez mujeres fuimos capaces de ponernos de acuerdo para abrir tres cajas misteriosas sin arrancarnos las greñas, jajajajajajajajajaja!), nos soltamos un poco, bueno tal vez más que un poco porque empezaron a salir nuestras verdaderas personalidades. Increíbles todas. Vi amistad entre unas, complicidad entre otras y sobre todo unión. Conversaciones varias, la típicas de hombres, hombres y sus juguetes, hombres y su forma de hacer las cosas. ¡Ah y el novio, claro! ¡Qué mejor momento para hablar del novio! Lo siento, A, te apreciamos, pero no pienso contar por una red social lo que dijimos de ti, eso quedará en la famosa frase, «lo que pasa en la despedida, se queda en la despedida».

Alcohol, más alcohol, risas y una invitación improvisada de un espontáneo que se empeñaba que para divertirnos más, necesitábamos más alcohol. Pues iba a ser que no, chato, no necesitábamos una invitación ajena, como buenas vascas, teníamos que ser bordes.

Y así nos movimos de fiesta en fiesta. Porque, no, no fue casualidad, había fiestas de pueblo justo en los dos pueblos donde estábamos. Vamos, que íbamos buscando la fiesta y punto.

De inicio y visto así, no pasaba de ser más que una despedida más. Que estaba genial y hubo muy buenos momentos, pero al fin y al cabo lo que se esperaba de un evento así.

Pero de repente, Iria salió de su cuerpo y empezó a mirar la fiesta desde afuera. Me miré a mi misma, las miré a ellas y mi perspectiva empezó a cambiar. ¿A alguna de mis compañeras escritoras les habrá pasado alguna vez? ¿Estar, de repente, en un lugar y mirar las situaciones con otro prisma distinto con el que había empezado todo? Lo sé, lo sé, estoy loca, voy asumiéndolo. Ya no hay marcha atrás, un día empecé a pensar con otra cabeza y a veces le da por hacer lo que le da la gana, sin control.

Vi miradas, escuché conversaciones, participé de ellas y sentí que era partícipe del algo especial. En este tipo de reuniones, al final se produce un extraño hermanamiento, que, aunque pueda tener fecha de caducidad, en ese instante, es el mejor momento del mundo mundial. ¡Magnífico, vamos!

 De la cena, mejor no hablar, porque a parte de ser un lugar al que no pienso regresar,  ni aunque me paguen la cena (no sé si puedo poner un comentario en Google o Tripadvisor, pero lo voy a considerar). En el fondo, me dio igual, porque lo bien que me lo pasé, vale por cualquier churrasco o chuletón quemado, bueno más bien churruscado. Puedo prometer y prometo por Don Legendiario, que esa parte fue lo que más valió la pena de la cena. En mi vida he pasado tanta vergüenza en un restaurante y con el pavor de que te echen por escándalo público, jajajajajajajajajajajajaja. Lo siento, queridas lectoras, jamás sabréis lo que sucedió para que yo acabe contando esto. Eso quedará guardado bajo secreto de sumario.

Y por fin llego a la parte que quería llegar de mi crónica; a una que me dejó atónita y me recordó lo bonito que es el amor cuando empieza todo. Miradas, miradas que te devolvían la esperanza de saber que hay por ahí algo que se llama amor.

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 Era casi media noche y nos encontramos con los novios del resto de las chicas (siento comunicaros que yo era la mas experimentada de la fiesta y Mr. Blake estaba con Mini Blake esperando pacientemente en casa, así que de fiesta 0, ¡qué arcaico suena, por Dios!).

Y entonces sucedió. Los chicos estaban sentados en el suelo en momento botellón total y ellas se sentaron a su lado. Yo estaba de pie y empecé de nuevo a mirar analizando cada movimiento, cada gesto, cada caricia. Simplemente fue precioso. Definitivamente no es lo mismo ver las cosas desde dentro que siendo espectador de lo que pasa a tu alrededor. Siendo espectador analizas mejor todo lo que sucede y desde la distancia, te permites el lujo de ver cómo actúan los demás sin que se den cuenta. ¿Y sabéis lo que vi? Unas historias de amor de novela. A ver, admitamoslo, la vida real no es una novela romántica. Pero detrás de cada historia, hay auténticas novelas que podríamos leer de cualquiera de nuestras escritoras favoritas. Amor, un amor muy bonito. Me di cuenta de que estaba rodeada de personas muy enamoradas y que algunas, en casos que podría probar científicamente, harían cualquier cosa por su pareja, os lo juro, lo puedo probar. En cambio, para vuestro desconsuelo, eso también se quedará bajo secreto de sumario. Me emocioné como una boba, porque vi miradas que me enternecieron enormemente. Besos robados que te recuerdan que el amor de novios es lo más dulce que puedes ver y conversaciones que, seguramente, las que tenemos más experiencia, habíamos olvidado que existían. Sí, chicas, vi felicidad y sí, me fui a casa con una sonrisa en la cara de esas que te hacen dormir pensando que el amor está en el aire, que existe ¡coño!

No puedo acabar esta pequeña crónica sin dejar de daros las gracias chicas. Sois geniales y me siento una privilegiada al haber formado parte de dos momentos tan estupendos. Sí, dos. Uno fue la despedida y otra fue descubrir a través de vuestros ojos que la magia existe y no está en un libro.

¡Nos vemos en la boda y no dejéis de sorprenderme!

2 comentarios en “Despedida de Soltera

  1. nos lo pasamos genial y aunque no nos conocíamos al final hablando descubrimos que teníamos mucho en común. ya me he leido tus libros me han gustado y en unos dias nos veremos para disfrutar de la fiesta.
    LEGENDARIO!!!!!!!!!

    Le gusta a 1 persona

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